Viernes, 16 Noviembre 2018 15:44

LA OSCURIDAD EN BÉBÉDJIA

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LA OSCURIDAD EN BÉBÉDJIA

En Bébédjia amanece a las 5:30 y anochece a las 18.

En el recinto hospitalario disfrutamos de luz unas horas al día. Esto lo logra a coste realmente alto, ya que los dos grupos electrógenos que funcionan, requieren combustible. Y el combustible es caro.
En 2016, una ONG italiana instaló una planta fotovoltaica. Dicha planta funcionó a pleno rendimiento durante uno o dos meses, para después dejar de funcionar la mayor parte del día. El 12 de septiembre dejó de funcionar por completo.
Supliendo a esta planta están los dos grupos. Un día funciona uno y el día siguiente, el otro.

Lo de tener luz para pijadas es lo de menos, aunque no negaré que se echa bastante de menos. Ducharse, lavarse los dientes, ponerse o quitarse unas lentillas, lavar el retenedor del invisalain (?) o servirse comida, son algunas de las cosas que vamos haciendo cada vez con más destreza.

No. Lo verdaderamente fustrante es no poder tener equipos que requieran corriente eléctrica (bombas, respiradores...). Y lo desesperante es que tengas un concentrador de oxigeno funcionando en la sala de cuidados intensivos de la pediatría, manteniendo con vida a un niño que convulsiona sin parar y que, de repente, se apague la luz y al rato el niño muera. Los partos se atienden con linterna; lo cierto es que aquí la enfermería hace un trabajo excepcional teniendo en cuenta el medio tan hostil.

El hospital de noche parece un nido de luciérnagas. Puntos luminosos que emergen de las linternas de el personal, pacientes, familiares (que duermen a la fresca sobre sus alfombras o paños) y enfermeros.

Los paseos por Bébédjia a partir de las 18, son de risa. Sin farolas que iluminen la carretera y calles, resulta imposible caminar sin chocarse con algún paisano (¡os digo que no se les ve!) o meterse en una zanja si no fuera por las linternillas.
La oscuridad aquí es abisal. Es alucinante cómo son capaces de trabajar y de reconocerse los unos a los otros en plena calle.

Pero la oscuridad de Bébédjia tiene su magia. Jamás he visto un firmamento tan bonito como aquí, y el poder disfrutarlo cada noche sobre nuestra alfombra XL tendida en el patio mientras nos atacan los bichos de todos los tamaños y colores, no tiene precio.

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