Viernes, 16 Noviembre 2018 15:46

Los niños Chadianos

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

Los niños aquí son todos para comérselos. Es imposible cansarse de sus caras, de sus miradas, de sus piececitos asomando fuera del pañuelo, por sendos flancos de las mamás.



Los niños Chadianos no son como los europeos. Juegan poco. De hecho, la mayoría no saben jugar (aunque aprenden rápido, he de decir). A bote pronto son serios, tristes, reservados.
Aquí las caricias no se estilan, los abrazos se los das a sus madres cuando tienen miedo (cuando me ven, por ejemplo). Los besos, a nadie.
La mayoría temen a los “nazaras” . Les parecemos extraterrestres, o demonios blancos. En mi caso, les debo parecer una diablilla extraterrestre a la que le falta el tornillo, porque cuando llego y veo a mis niños, les hablo “cuchicuchi” en un “melange” de español, Nganbae, francés y árabe. Canturreo, bailo, inflo globos, saco xilófono...loca total.

Y aunque ya muchos me conocen y me llaman por mi nombre o similar (en realidad soy “Baula” o “ma sœur”), aunque se alegran cuando te ven entrar en la Pediatria porque saben que empieza la juerga...su máxima expresión de cariño es una sonrisaza, un bonjour y un apretón de manos.

Ayer Zara (mi pequeña amiga árabe) lo cambió todo.
Zara es la hermana mayor de una pequeñaja de ojos saltones ingresada por paludismo. Su madre no tendrá más de 16 años. La primera vez que vi a Zara cargaba con un cubo más grande que ella, lleno de agua y llevaba, sobre su cabeza, los cazos que su madre había utilizado para preparar la comida. Pensé en mis hijos y en ese momento en el que te los comerías cuando les pides que lleven su plato al fregadero y te responden con un “joooo” cansado o con un resoplido y levantamiento de cejas, porque lo que les has pedido se les antoja exagerado, mucho más exigente que correr una media maratón en julio.
Zara iba cargada con unos 15 kilos en su mano derecha y mantenía el menaje sobre el plato-bandeja que reposaba sobre su pequeña cabeza. Me sonrió. Dejo las cosas en la cocina y volvió a por mi. Me intenté comunicar con ella. Nada de francés. Chapurreo las 4 cosas que sé en arabe y me entero de su nombre. A partir de entonces, ha sido mi sombra.

Ayer entré en la habitación donde está Beau, mi paciente más malito. La hermana de Zara y otros 5 niños con sus madres y hermanos correspondientes comparten habitación con él.
Como cada día, entro en las habitaciones con un “¡laaaapiaaaa!” a repartir. Fue entonces cuando la tirillas saltó del camastro y vino corriendo hacia mi. Me abraza el cuerpo fuerte y me pide, con la mirada, que la suba un poco. En plan Dirty Dancing elevo a la piltrafilla que se agarra a mi cuello, se separa ligeramente para verme la cara y, acto seguido, ME COME A BESOS.
Se que os puede parecer una chorrada lo que os cuento hoy, pero los que habéis estado aquí sabéis lo raro que es que eso ocurra.
Total: inesperado chute de amor, sobredosis de cariño que nunca, nunca olvidaré .

Gracias, Zarita ❤

Visto 7 veces Modificado por última vez en Viernes, 16 Noviembre 2018 17:17
Más en esta categoría: « LA OSCURIDAD EN BÉBÉDJIA LIMBO »

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.