Viernes, 11 Octubre 2019 15:17

Mbairamadji est parti ce matin

Escrito por Doctora Paula
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Mbairamadji est parti ce matin
Bébédjia, a 11 de octubre de 2019
 
- Paula. Mbairamadji est parti ce matin.
 
Se fue de madrugada. Lo encontraron a las 6:30 sobre un charquito de sangre, en la cuna en la que le dejé ayer por la noche, con su ropita nueva y con la mosquitera de nuestro bugaboo cubriendo su cuerpo.
 
El sangrado del pabellón auricular me confundió. Probablemente era un sangrado interno, secundario a una fractura de la base del cráneo. Se me pasó.
Me tenía que haber dado cuenta ayer por la tarde de que algo iba mal. Solo quería apoyar su cabeza contra mi pecho, pero no contra la parte derecha, sino sobre mi tórax izquierdo. Quizá le tranquilizaba mi latido cardiaco. No contestaba cuando le preguntaba cómo estaba. No quería separarse de mi. Y yo le dejé en esa cuna, fuera de la sala de cuidados intensivos, porque pensé que sería lo mejor. Probablemente,  si le hubiera dejado compartiendo camilla en esa sala asfixiante, otra madre se hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando y hubiera avisado a los enfermeros.
Y puede que lo mejor para él hubiera sido morir acompañado, no en esa cunita de neonatos, con una muñeca nazara, y con la mosquitera separándole, ya, de este mundo.
 
Me quedo con los ratos que pasé con su cabecita apoyada sobre mi corazón, con los pequeños movimientos que hacía con sus pies cuando estaba a gusto, con la sensación de infinita ternura que provocaban esos puñitos cerrados, agarrando mi ropa. Movía sus índices, como haciéndome pequeñas caricias que sabían a gloria. 
 
Suivi me ha acompañado toda la mañana. No me he movido de la pediatría. Estando cerca, podía acercarme a cada rato para acariciarle la cara y hablarle bajito. Y rezar a su lado.
 
Han venido las autoridades. Luego Sor Pilar, que ha querido que nos juntáramos para rezar por él, con él. Unos cuantos alrededor de esa cuna de plástico que ahora se me antoja cajita de muertos.
 
A la una han llegado Jean Paul con otros dos hombres. Han tendido sobre el suelo una alfombra nueva, limpia, como de rafia. Luego han cogido un paño blanco rectangular y lo han doblado cuidadosamente. Después han tomado en brazos a Suivi, con su trajecito nuevo, y con la mosquitera del bugaboo enrollada a su lado, y lo han posado sobre ese paño blanco con el que después le han cubierto. Una vez cubierto, lo han enrollado en la alfombra y se lo han llevado.
 
Es una tontería, pero en el fondo me ha enternecido que entierren a Survi con algo que ha sido de mis hijos, que nos ha acompañado en casa hasta que dejó de caber Pablete en el cochecito.
 
Descansa en Paz, mi querido niño. 
Cuantas cosas me has regalado estos días. Y tú sin saberlo.
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