Martes, 08 Octubre 2019 17:30

El niño serpiente y el ángel 

Escrito por Blog Dra Paula
Valora este artículo
(0 votos)
Bébédjia, 7 de octubre de 2019
 
¿Cuantas cosas pueden ocurrir en una mañana? ¿En un par de horas? ¿En 15 minutos?
 
Esta mañana me vino a buscar Sor Paula, misionera de la congregación de Hermanitas de los Pobres que lleva en Chad 15 años. A Paula la conocí mi primer año aquí, y fue un flechazo total. Ella es maestra, y con sus hermanas llevan un colegio católico de Mbikou que es un oasis en medio de tanta miseria. Aparte de un método educativo diferente, este cole tiene la particularidad de que hay, al menos, un discapacitado por aula y que las hermanas luchan porque, como mínimo,  terminen la primaria y aprendan un oficio.
 
Para el tema de las hospitalizaciones, las ayudas técnicas y las cirugías que pudieran necesitar a lo largo del año estos pequeños, se me ocurrió crear un grupo de whatsapp que incluyera a amigos que quisieran apadrinarlos. Y así, ahora mismo tenemos en nuestra particular cantera a Roland, Hervé, Caleb, Severine, Juskar, Guershom, Samira y, recién incorporados y potencialmente apadrinables Apolinaire y JulesChrist.
 
Todos los años Paula me los trae a Saint Joseph para hacer una revisión o bien yo me desplazo a sus casas en plan visita a domicilio. Este año pensó Sor Paula que sería más bonito que los viera en la escuela. Y si, ha sido precioso y esperanzador  ver a estos 8 fantásticos (Roland este año está en un liceo a unos km de aquí) mezclados en el grueso que componen los casi 380 niños escolarizarnos.
 
La escuela está impecable gracias, en gran parte, a los papás de los niños que pintan las aulas y juegos de exterior, rastrillan la tierra llena de hojas (matando a las serpientes que van encontrando), y podan los árboles. Columpios de colores hechos con neumáticos, un sube y baja, un tobogán...hasta las fuentes tienen color.
 
Para asegurarse de que los niños rinden en la escuela, se prepara, a diario, una taza de bouille para cada niño y maestro. Hay muchos niños que no desayunan, y otros tantos a los que les dan los restos fermentados de la boule del día anterior, que les atonta por su pequeño contenido de etanol.
Esta bouille que prepara a diario Tabita (la abuela de Samira) lleva cacahuete, milo, azúcar y tamarindo. Es cocida en una enorme olla desde primera hora de la mañana y, para cuando los niños hacen la pausa a media mañana, ya se enfrió. Comprar los materiales necesarios para alimentar a estos niños durante todo el curso cuesta 1000 euros. ¿Os imagináis lo que se puede hacer con esa cantidad? Una pasada.
 
Antes de volver a Bébédjia con Samira (que tiene ya programada la cirugía para el miércoles gracias a Javier), me han traído a Jules Christ para que lo vea. Jules tiene 3 años. A los dos años convulsionó (por lo visto no fue paludismo) y desde entonces su desarrollo comenzó a ir más lento de lo normal. Jules Christ no habla, no camina ni repta, tampoco es capaz de comer solo. En la exploración por encima que le he hecho no me ha parecido que fuera sordo, pero si me llamo la atención que no me mirara a los ojos. Esto es menos valorable teniendo en cuenta que la mayoría de los niños temen a los nazaras, necesitaría que lo ingresaran en el hospital para hacer una exploración completa y empezar con el tratamiento. Y ahi ha empezado la discusión con el hermano mayor de la madre.
 
A los niños como JulesChrist los llaman niños serpiente. Algunos tienen la creencia de que están “malditos” por culpa de algún pecado u ofensa cometida por algún miembro de la familia, y los niños son el signo vivo del “delito”.   Creen que la maldición sólo desaparecerá cuando el niño serpiente muera.  
Cuando Paula le ha explicado a los papás que era necesario tráelo a Bébédjia, el tío materno se ha negado en redondo. Se opone a que el niño reciba el tratamiento  y Paula se ha enfrentado a él como una autentica leona. 
Me ha dicho que durante esta semana va a solucionar el conflicto familiar (con denuncia incluida al cantón del pueblo) y que me traerá al niño la semana que viene.
 
De vuelta a Saint Joseph, entro en la urgencia a buscar a Franco. Ha pasado por fin a compartir camilla. Mientras le hablo suavemente para que nos empecemos a conocer, veo por el rabillo del ojo a una madre que señala a la camilla que está pegada a la pared. Ahí, tendida e inerte yace una niña de unos 10 meses. Es preciosa. Acaba de traerla su madre con fiebre; todas sus mucosas están blancas. Su corazón ha dejado de latir. Empieza Blandine la resucitación y tomo el relevo yo. Alexis pone en marcha el concentrador de oxígeno y le coloca unas gafitas nasales. 15 minutos hundiendo el pequeño tórax de la niña mientras Alexis le administra adrenalina. Las madres se agolpan fuera. Nadie grita, nadie habla. Todo transcurre en un doloroso silencio hasta que, finalmente, dejo de bombear. Acaricio su cabeza e intento cerrarle los ojos. No puedo. Me retiro y vuelvo con los vivos.
 
La madre ha entrado y le ha cerrado los ojos y la boca. Lo ha hecho mecánicamente, sin vacilar, como si ya lo hubiera hecho demasiadas veces antes. Luego le ha atado un pañuelo rojo desde el mentón a la cabeza y, mientras el enfermero ha comenzado a quitarle la vía y el pulsi del dedito del pie, la madre ha empezado a envolver a la pequeña.
 
Cuando salgo de la urgencia, me cruzo con dos madres con sendos bebés que necesitan una transfusión. En nuestro hospital no podemos hacerlas, porque no nos quedan reactivos para el test rápido de hepatitis B. La muerte irá ganando segundos mientras sus padres se llevan a sus hijos a otros centros donde puedan comprobar que la sangre del donante es apta para la transfusión.
 
En quince minutos una preciosa niña ha muerto por malaria.
En un par de horas varios niños han llegado a la urgencia con necesidades que no hemos podido cubrir. 
En una mañana he visto qué bonitas salen cosas cuando uno las hace con amor,  he sentido esperanza, he abrazado a niños a los que extraño el resto del año, he comprobado que la ignorancia mata, Franco y yo hemos empezado a conocernos, he sentido impotencia y he visto a una niña preciosa dormirse para siempre.
 
Son muchas cosas para una mañana. 
 
Y os escribo bajo mi crisálida blanca,  asustada porque no derramé ni una lágrima.
Visto 17 veces Modificado por última vez en Miércoles, 09 Octubre 2019 12:11

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.