Sábado, 25 Febrero 2023 09:01

LA CARRETERA

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Bébédjia, 23 de febrero de 2923

LA CARRETERA

Cuenta Sor Nunci, Comboniana de 82 años que llegó a Chad en 1974, que este país ha cambiado mucho en algunos aspectos pero que hay cosas que siguen exactamente igual que hace 50 años.

Cuando ella llegó a este país se asfaltaba la primera carretera (de doble dirección) desde NDjamena hasta Gélengdeng, a 154 km hacia el sur. No fue hasta que encontraron petróleo en Kome en 2003 que siguieron asfaltado los 600 km restantes de carretera que terminan en Sahr.

Desde hace años, el tramo que se asfaltó inicialmente está en tal mal estado que es preferible recorrerla por pistas, también llenas de socavones. 154 km y 4 horas separan la capital de Gélengdeng. Superada esa primera fase la cosa mejora, aunque no deja de ser una carretera no iluminada, de doble dirección, en la que conviven bicicletas, viandantes (la mayoría), mototaxis con una media de 3 minutos pasajeros, vehículos (pocos), camiones (algunos mas), Toyotas con cientoylamadre de personas sentadas encima de sacos de harina y autobuses que van a toda pastilla.

Cuando se inunda todo en época de lluvias, la gente se apea del medio de transporte elegido y prosigue a pie, con el cuerpo medio sumergido y las bolsas y sacos sobre la cabeza. Al otro lado buscarán la manera de proseguir el camino.

Han mejorado las comunicaciones . Casi todo el mundo tiene teléfono, aunque la mayoría sigue utilizando los aparatos que solo permiten mandar sms o realizar llamadas. Un número cada vez mayor tiene un smartphone malillo y en función del momento político que atraviese el país habrá mejor, peor o nula conexión a internet. También hay una mayor oferta de cosas para comprar, aunque para encontrar una sartén, unos vasos grandes o una escoba haya que irse a 65 km de distancia.

Las viviendas siguen siendo las mismas. Se trata de pequeñas construcciones sin electricidad ni agua corriente hechas de ladrillos de adobe, sin ventanas, sin suelo y con techos hechos de paja. Siguen viviendo en el suelo, cocinando sobre las pequeñas hogueras que les sirven también para calentarse en la época de invierno. Son tan frágiles que este año son muchísimos los que se han quedado sin hogares por las terribles inundaciones de agosto que dejaron aisladas a tantas poblaciones.

Por las inundaciones también se perdieron los cultivos y ahora las familias se enfrentan a el gasto extra de la nueva construcción de sus hogares y a la hambruna. A perro flaco, todo son pulgas.

He pasado muchas horas durante este viaje observando el país a través de la ventana de la Toyota.

La tierra seca, más roja cuanto más nos aproximemos a Mondou. Las casas a medio destruir. Los árboles de mango, las falsas acacias, las flores del desierto, las palmeras.

Mujeres llenando de color el Sahel con su impresionantes y ceñidos paños, la mayoría transportando todo tipo de cargas sobre la cabeza y sus bebés anudados a la espalda. Niños con camisetas mugrientas y sucias empujando carros llenos de sacos, haciendo rodar un neumático o simplemente sentados, observando la carretera, como yo. Muchos chavales con sus palos infinitos intentando alcanzar los frutos del mango. Gente sentada en el borde de la carretera vendiendo mangos o bolsitas minúsculas de harina molida, cacahuetes. Transeúntes solos o en pequeños grupos que caminan lento. Vacas, cabras y pollos cruzando la carretera cuando no deben.

Todos paran sus quehaceres para mirarnos y gritar “¡Nasar!”.

Y la nasar, que no se cansa de mirar a través de la ventana como uno no se cansa de mirar el fuego o la cara de un recién nacido.

Dao nya

Hasta mañana

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