Domingo, 19 Febrero 2023 16:38

MARTIN

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Bébédjia, 17 de febrero de 2023

MARTIN

Eran casi las dos de la tarde. Salía yo de la pediatría para encontrarme con Javi y compañía en el refrectoire cuando casi me doy de bruces con una de las matronas que, previo mensaje telegráfico - “la madre acaba de parir”-, me entrega un gurruño de paños ligeramente húmedos y calentitos con una sorpresita oculta: otro prematuro.

Sin saber muy bien cómo ni por qué, me convierto en la mamá transitoria de tan precioso paquete de unos escasos 1800 gramos de peso.

- ¿Que llevas ahí?
- Acabo de parir.

Cachondeo generalizado

- ¡Aremba! - Me animan a darle de mamar.

Les explico que es mejor que tome leche de fórmula que es más rica, que la leche de nassara es demasiado “light” para las necesidades del pequeño.

- ¿Y cómo se llama tu hijo?
- Se llama Martin.
- ¿Como el obispo?

De nuevo cachondeito.

Martin tiene buen aspecto, respira bien y las constantes y glucemia son normales. ¡Qué tío más grande!

Se me quita el hambre mientras le sostengo para que cojan la vía. Adama, que es una máquina, lo logra a la primera a pesar de la minisculez de los vasos del pequeño Martin.

- Si es tu hijo, lo tienes que vestir!

Ay madre, que viene desnudo…

Busco en los armarios algo de ropa de segunda mano para ponerle. En una bañera de plástico encuentro un gorro, unos patucos y una chaquetilla, todo de lana. La chaqueta tiene su pase y le cubre el cuerpo entero (¡Martin es taaaan pequeño!) pero el conjunto de gorro y patucos negros con rayas fucsia (mi niño luciendo el color de moda) están hechos de una lana gruesa y tiesa, de esas que pican aunque te pongas debajo 50 capas del algodón más gozoso que exista. Pienso en mis hijos que no aguantan ni el cashmere y le pido perdón en silencio.

Es lo que hay, machote.

Bien. Ya tengo la ropa, el niño con vía y excelente aspecto.

- Doctora. ¿Ha comprobado usted si los paños están húmedos?

¡Cierto! ¡Que aquí no hay pañales! Cuando un niño se hace pis (o lo otro) encima, la mayoría de madres optan por ignorar lo que ha pasado y esperan a cambiarlo cuando ya no queda ni un centímetro libre de orina y/o excrementos. Igual si se trata de deposiciones limpian con el paño los restos y doblan esa esquinita para que quede oculto el regalo. Pero claro, puede quedar oculto a los ojos, pero JAMAS a la nariz. Os digo que hay paños tan malolientes como las esquinas de los bajos de Orense en los 90.

Dejando lo escatológico aparte, compruebo que, efectivamente, el paño está húmedo así que agarro un retal seco y no maloliente que cuelga de la incubadora (no os vengáis arriba, la incubadora no funciona pero están como más recogiditos allí los prematuros), y lo cambio por el paño mojado que dejo a secar (ya veis, chadianizándome).

Ya está.

Esta con la vía puesta, respirando bien, seco, limpio, tapizado de lana y tranquilo.

Pero falta algo.

Es poco frecuente ver a las madres aquí acunar a sus hijos por el placer de tenerlos cerca, de amarlos. Si un niño llora, la madre saca un pecho por el escote del vestido y le da de manar. Al niño lo sujetan y lo transportan. Pero eso de cantarle, acariciarle y hablarle bonito aquí no se ve. Los bebés ingresados yacen en las camillas, aunque tengan menos de un mes. La madre sentada al lado, eso si.

Eso es lo que le falta a Martin. Una dosis de amor y de mirada embelesada, de caricias y de calor humano.
Lo saco de la incubadora.
Le sostengo entre mis brazos.
Lo llevo al patio. Aire libre. Sol que templa pero no calienta.
Está un poco inquieto.
Le protejo de la brisa con mi cuerpo.
Lo cambio de lado para pegar su orejita derecha a mi corazón.
Se tranquiliza.
Le canto bajito.
Le acaricio las mejillas sin apenas rozarle.
Se para el tiempo.
He podido estar una hora con él en brazos (mientras las madres me miran divertidas y un poco intrigadas).
Muy a mi pesar, debo dejarlo en la cunita. Tengo una pequeña a la que tratar y Martin debe seguir con el suero.

Se lo entrego a Rocío para que ella lo malcríe un poco también.

Tu y yo, Martin, hemos compartido una hora preciosa. Y eso no nos lo quita nadie.

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