Sábado, 25 Febrero 2023 08:48

El ecuador

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Bébédjia, a 19 de febrero de 2023

El ecuador

Otra semana vivida, otra semana vencida.

Semana en la que los miembros del equipo han ido floreciendo.

Rocío, cada vez más integrada en la pediatría, pendiente de los pacientes en la unidad y de los niños ingresados en las otras unidades, dispuesta a todo y aprendiendo la manera de hacer las cosas aquí, ayudando en curas y donde se la necesita. Al final del día, nos cuenta ilusionada sus pequeños y grandes triunfos y, cuando lo hace, la cara se le ilumina. Me encanta verla así de feliz. Compensa con los otros momentos en los que rabia de frustración y tristeza cuando fallece otro niño mas.

Esta semana ha habido un día sin fallecimientos. Un día. Ojalá este hecho no nos sorprendiera tanto.

Cuántas veces he podido hablar con Elisabeth de esto.

- Paula. En este país es muy fácil morirse, tanto los enfermos como los que están aparentemente sanos. Mueren muchos. Mueren todos los días.

María Jesús acompañada cada día por el enfermero de turno responsable de las curas, intentando mejorar, con infinita paciencia, cada acto. Haciendo hincapié en lo importante: la asepsia, la limpieza profusa y el orden en la sala. Es tranquila y una excelente profesional. Seguro que algún posillo quedará.

Javier, como siempre, genial. Ejecutando con maestría su papel de jefe de misión, de presidente de fundación y de cirujano. Intentando que aprendan, a marchas forzadas, tanto la Dra. Susan como el recién llegado Dr. Djasroal (que parece que destaca con sus habilidades para la Cirugia).

Animándonos y mimándonos a todos. Tuvo el detallazo de prepararnos una cena sorpresa por el día de San Valentín. Llenó el refrectoire de globos rojos con la palabra Love partout, utilizó velas rojas para darle ambiente a la cosa e incluso nos dejó un detalle (unos pendientes) a la tres mujeres debajo del plato. No hay nadie más detallista que el.

Jose trabajando a tope, enseñando a hacer las cosas bien, meticulosamente, con cuidado y cariño. Sigue con el mantra de “mejor no tocar” y ha añadido otro, “el jabón es tu amigo” porque desespera ver que aquí todo, pero todo todo, se infecta.

Yo de un lado a otro. Me gusta pasar visita en la pediatria con Pelagie y su equipo, Rocío y el Dr. Israel (muy fan de el). Saco un hueco para tratar a Charlene, la niña de 8 meses con la hemiparesia derecha después de una malaria cerebral. El resto de niños con daño cerebral están todavía o muy malitos o malnutridos. Martin sigue con su gorrito tieso a pesar de lo cual pasa frío. Ahora comparte incubadora con otra prematurita. Es una monez verlos ahí juntitos, aunque no puedo evitar que la manta térmica me de mal rollito.

Dos días hemos ido a el centro de discapacitados de Doba a trabajar, mano a mano, con súper Mabel, Sor Magali y Erica. El martes que viene Mabel tiene que marcharse a la capital y me ha pedido que me haga cargo de la consulta. Me vendrán a buscar muy temprano esa mañana. Por el madrugón y por la consulta…¡deséenme suerte, señores!

El miércoles pudimos disfrutar de los niños del proyecto “Estudiar en Chad” cuando acabaron las clases. Jugamos con ellos al “enredos” y Javi llevó el altavoz para animar el cotarro. Es lo que más les gusta. Bailar. Y a Javier también. Aunque luego le hayamos tenido cojo por los excesos.

Los niños están felices, bien nutridos, cariñosos. ¡Tienen energía! Es esperanzador ver cómo crece este proyecto que se inició cuando estaba Sor Lourdes y llevábamos dinero en el refajo para los primeros 10 niños. Hoy son 154 los que comen a diario y reciben educación en las mejores escuelas. Aquí empieza el verdadero cambio.

El sábado cambiamos de aires María Jesús y yo y acompañamos a las misioneras del APMS a realizar, en Mbaikoro, test de despistaje de VIH gratuitos. Teníamos 200 tests y 200 se hicieron. Conseguimos 30 extras de las hermanas franciscanas de un dispensario, y todavía quedaron personas sin testar. Un éxito de crítica y público, señores. Bueno, igual el alcalde puede objetar algo porque aquí la nassara lo regañó al ver que se colaba. ¿Cómo iba a saber yo que el señoro que tanto morro tenía era el mismísimo alcalde? Ajena a este dato agité mi dedo índice a un lado y a otro y le pedí, educadamente, que esperara su turno. El, ofendidito a la par que asombrado por tamaño correctivo (que aquí a los jefes no se les puede decir ni mú), me miró con desdén y me increpó:

- Yo soy la autoridad. ¡Yo soy la autoridad!

Así que, aunque me hubiera encantado explicarle que, como autoridad, debía dar ejemplo, opté por hacerme muy, muy pequeña y anoté su número en el papelito y en el test sin mediar otra palabra. Mi mirada era de desdén también, pero no se veía porque llevaba gafas de sol. No es plan acabar en la cárcel local, mixta e infrahumana, por una tontá.

Lo verdaderamente importante es que, de los 230 tests, solo 3 fueron positivos.

El domingo ha sido precioso, pero me lo guardo para otro día, que ya he sobrepasado el umbral de verborrea tolerable.

Un abrazo a todos y ¡a por la semana que viene!

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