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Blog de la Doctora Paula

Medica especializa en Medicina Física y Rehabilitación trabaja en el servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario de Fuenlabrada

Miércoles, 11 Febrero 2026 18:42

Bébédjia, a 10 de febrero de 2026

Bébédjia, a 10 de febrero de 2026

Para no perder el ritmo de maldormir, hoy amanecimos a las 6:20 de la madrugada, listos para desayunar y currar.
¿Recuperada del viaje? Evidentemente, no.
Pero hay taaaanto que hacer.

El estreno —reencuentros y abrazos apretados aparte— no ha sido amable, sobre todo para quienes pisan estas tierras por primera vez.

Una bebé de 11 meses, ingresada grave durante la noche, ha muerto justo cuando cruzábamos la puerta de la pediatría. Nada se ha podido hacer. La madre, rota de dolor, gritaba, inconsolable. Pocas veces he visto aquí a una madre llorar así la pérdida de un hijo.

En fin. La primera en la frente.

El tour, que pretendía ser meramente “ubicativo” (si la palabra no existe, debería), nos ha ido enfrentando a una sucesión de pacientes tipo Saint Joseph: casos de gravedad o putrefacción extremas, anamnesis imposibles, diagnósticos complejos y tratamientos inviables .

Bienvenidos al infierno.

Pero no todo son tinieblas.

Los niños de nuestro programa de huérfanos, “Estudiar en Chad”, nos han recibido con un mensaje escrito en la pizarra, sonrisas grandes y manos sudadas, mientras aprendían cómo lavarse los dientes después de comer.

Dos destellos más de luz: saber que Adama, enfermera de pediatría, está embarazada (por fin… en este lugar se repudia a la mujer estéril aunque el infértil sea el marido), y conocer a los bebés de Grace y Pélagie. El año pasado aún estaban en los vientres de sus madres, cuando Mekila —también enfermera de pediatría— perdía la vida al dar a luz a su tercer retoño.

El primer día siempre es agridulce. Y, aun así, me siento en casa. Me siento querida, reconocida, bienvenida.
Ojalá nuestros primerizos logren digerir la jornada para volver a empezar mañana.
De nuevo.
Más.
Y mejor.

N’Djamena-Bébédjia, a 9 de febrero de 2026

Los 500 km más largos del mundo sigue siendo los 500 km más largos del mundo. Aunque los chinos hayan adecentado la carretera (que lo han hecho). Aunque ya no haya, en la mayor parte del trayecto, gigantes boquetes (AKA cráteres) en la carretera. No hay boquetes, pero hay baches en cada aldea, controles cada dos por tres y un solazo que entra por las ventanas derechas que convierte el (incomodísimo aunque resistente Toyota Hilux en una pequeña cámara de tortura.
(Quién estaba en la ventana derecha??? Pues eso….)

A las 6 de la madrugada estábamos en pie (mátame), y el trámite de los pasaportes no ha estado arreglado hasta las 10:00, momento en el que hemos “tiradopabajo”. Con el sol, los badenes y el sueño provocado por el sturgeron que hoy no me habría hecho falta.

Reanimación parcial con el pollo y la Castel en Bongor, y vuelta al pequeño horno blanco.

Qué despacio pasa el tiempo en esa Hilux, y qué difícil encontrar la posición de piernas donde no te duela algo…

Hemos llegado pasadas las 21 a mi otra casa. Nos esperaban las sores Combonianas y la Tortilla de patata de Jeanette, a la que espero achuchar mañana.

Me despido semi muerta desde mi crisálida blanca de la chambre 2.

Un abrazo enorme

Miércoles, 11 Febrero 2026 18:37

N’Djamena, 8 de febrero de 2026

N’Djamena, 8 de febrero de 2026

El único grupo de nasaras del avión que aterriza en NDjamena de madrugada tiene un aspecto terrible. Hemos dormido entre 0 y 3 horas en un avión antediluviano atendido por una tripulación que, claramente, no amaba su trabajo.

Después de la pandemia, Royal Air Maroc dejó de volar a Chad durante unos años y empezamos a viajar con Air France. El viaje era más caro y un poco más pesado - subir para luego bajar y al menos una escala-, pero aterrizábamos a una hora decente y rodeados de blanquitos, lo que hacía que la llegada de nuestras misiones con tropecientasmil maletas cargadas de medicamentos y material, pasara más desapercibida.

Desde finales de 2025 vuelve a ser posible volar a Chad con la aerolínea africana, y como ahorrarse unos euros nunca está de más, esta misión retoma las antiguas costumbres a la vez que pierde el comodín de la invisibilidad. Y eso añade una dosis de estrés al aterrizaje, de madrugada, en estas cálidas tierras. Un estrés que no está tanto en el control de pasaportes como en todo lo que puede venir después: las maletas abiertas, las maletas perdidas, las maletas requisadas por un papel que siempre se inventan, o la temida mordida. Así pasé la hora del control, nerviosa, anticipándolo todo. Para nada, porque al final todo salió sorprendentemente bien. A pesar de la s 30 maletas, del cansancio y de nuestra innegable blanquitud. Responder a las preguntas de rigor, enseñar un papel con el listado de material, la orden de misión del obispo…y voilà!

Instalados en el centro de acogida, nos queda un día por delante para conocernos, para comprar e instalar la sim que me permite escribiros (ojo que este proceso tiene su miga), para darnos una comida-homenaje y para prepararnos para el viaje de mañana una vez tengamos todos nuestros pasaportes sellados.

Calor: mucho
Cansancio: más
Ganas: todas
Buen rollo: palpable

Beré!

Miércoles, 11 Febrero 2026 18:35

Madrid, 7 de febrero de 2026

Madrid, 7 de febrero de 2026

Llevo unos días remoloneando más de lo habitual - que ya es mucho- en mi cama. Subo la persiana. Llueve y hace frío. Vuelvo a la cama. Unos minutos más debajo de mi edredón, con mi cabeza apoyada en mi almohada con funda de satén.

También he estado alargando el tiempo bajo la ducha. Juego con la temperatura y la presión. Un rato más. Cierro los ojos y apoyo las manos contra el cristal mientras el agua caliente cae por mi cabeza con la presión perfecta.

Enciendo todas las luces, disfruto de mi cafetera pseudoindustrial, cargo las lámparas y baterías externas a la vez. Abro el grifo, me lavo los dientes, bebo agua. Conduzco mi coche por vías bien trazadas.

Reconozco que me da pereza perder este confort durante un mes. Y es que vivimos tan bien…

Los que salimos desde Madrid ya estamos en la puerta de embarque, las 16 maletas con material facturadas, nuestro equipaje de mano a reventar.
En un par de horas nos encontraremos en Casablanca con Myriam y Sara que salen desde Málaga con otras 8 maletas…
Y mañana en N’Djamena a 39 graditos :)

La fase 1 del viaje acaba de empezar…¡y yo ya estoy agotada!

Los que seáis de rezar, añadidnos a vuestra « praylist »y los que no rezáis, mandadnos vuestra buena vibra con vuestros pensamientos.

A bientôt !

Bébédjia, a 5 de marzo de 2025.

El último día en Saint Joseph es siempre “melincofeliz”.
- Vous partez déjà ? Comme ça ?

Non, non, non. Tu dois rester au moins un mois de plus !

Y es que en estas cuatro semanas se han batido todos los récords de velocidad temporal.

Parece que fue ayer cuando exprimía el seno de Jolie o fotografiaba a Issa con su tercer bebé.

El último día en Saint Joseph tocan las despedidas en los tres turnos de trabajo.

Tocan las prisas por dejar resueltos los casos quirúrgicos más complicados, la revisión de los últimos datos asistenciales de 2024 y la donación de sangre por parte del equipo.

Toca reunirse con el director y cerrar temas pendientes.

Toca hacer maletas y repartir medicación y dinero sobrante.

Despedirse es siempre lo peor. Aquí la vida es, verdaderamente, un regalo cada día. Y ellos son plenamente conscientes. Nada que ver con nuestra forma de vivir, como si fuéramos invulnerables, eternos. Cuando tus compañeros te recriminan que tardes otros 11 meses en verlos porque “es posible que ya no esté aquí”, hay algo que te sacude tan fuerte que aviva el componente melancólico del sentimiento de melincolicidad.

- Vous nous manquerez beaucoup. Vraiment.

Luego chascan la lengua como suelen hacer para terminar con un “kaiiiii” con hache inspirada al final.

Me despido de mis compañeros deseándoles lo mejor pero, sobre todo, mucha salud para ellos y sus familias.

Cómo me gustan esos abrazos. Los de verdad. Los fuertes, los cálidos, los húmedos(que hace mucho calor).

Lo que no he podido hacer es despedirme de los niños del proyecto. Mi corazón de mantequilla no me deja. Prefiero quedarme con la sensación del primer achuchón en febrero y sus caras de alegría máxima. Prefiero que se queden con la imagen de la nasara intentando hablar mil lenguas y desfilando a primera hora con el vestido “gambai” y a última con el “arab”. No coments sobre la cara de “la Pitinbaye”cuando me ha visto con el “Lafaye” en tonos de cuaresma….era para haberla grabado. Estaba admirada por la belleza del paño pero en shock por lo que el atuendo significaba.
- ¿Se ha vuelto musulmana sor Paula?

En mi último día en Saint Joseph mis pasos se hunden suavemente en la tierra, como si este lugar intentara abrazarme un instante más y yo, sin oponer resistencia, me dejara envolver y atrapar un momento más, un día más.

En mi último día en Saint Joseph, también me dedico a llenar mis frascos más preciados: pequeñas botellas que atesoran personas, momentos y sensaciones que no quiero perder, listas para abrirse cuando más las necesite.

Hay un bote pequeño, de cristal de Baccarat, donde guardo a los pequeños más frágiles. Lucas, Arlette, Franklin, Terklesse, Jennifer, Martine, y los tres prematuros de la urgencia. Incluyo a la no tan pequeña pero tremendamente frágil Esther con su feto malformado, aunque ambos pasarán pronto a formar parte del frasco de ángeles.

De cristal de zafiro es el recipiente donde descansa mi querido Survi desde 2019, su oreja pegada a mi pecho, sus dedos índice y pulgar acariciando la tela de mi camisa.

Este año le acompañan Christine, Clarisse y todos los bebés que murieron o nacieron muertos en la maternidad.

El bote de los huérfanos apadrinados de “Estudiar en Chad” cada vez es más grande, porque se adapta al contenido. Tiene vetas de colores y se intuye la música que suena en el interior. Y las risas. Y la voz unísona con la que bendicen la mesa. Veo a Jeanpolito echándose un baile. Me acerco a la botella y sonrío. Marie, por fin, está dentro.

En el recipiente de madres, dando la bienvenida a todas, está mi amiga Blanchie. Han entrado Jolie, Josephine, Ambrosie (aunque es abuela), Germaine, Marina, Catherine y Pelagie.

Añado a Leti y María Chiara en el frasco que contiene a las misioneras a las que quiero desde hace años. La posología, sin cambios: abrir e inhalar cada vez que piense que mi día ha sido duro a cuando la tibieza contamine mi fe.

El frasco de sabores sigue lleno de sabrosos platos de Jeanette. La ensalada campera, el pollo famélico, el cous cous con verduras, la pizza de cabra y la mousaka con bechamel hecha con leche en polvo Nido.

El bote de la naturaleza sigue llena de falsas acacias, de majestuosos mangos con sus frutos todavía verdes, de árboles de karité y neré, de buganvillas, de flores del desierto y de palmeras. El cielo, sus estrellas, la luna que crece desde abajo están aquí dentro.
Me guardo los momentos de risas (que ha habido muchos) y los más tristes, para que se entremezclen y sean brújula en mi vida.

El color azul de Saint Joseph.
Los paños tendidos en la pediatría.
Mis compañeros.
Mis amigos.
Nos espera el viaje de vuelta (perezón), la llegada al centro de acogida (A.K.A el Ritz) y el vuelo de vuelta con escalas.

Termino el día dejando la comida en la pediatría, despidiéndome en silencio de todos y cada uno de los pequeños, emocionada y conmovida.

Gracias a todos los que me habéis acompañado en este viaje. A los que habéis compartido el dolor, la enfermedad y la muerte, la injusticia y también la belleza de esta
parte del mundo.

A todos a los que os entristece el sufrimiento ajeno y os enoja la injusticia.

A los que creéis en nuestra fundación y sus proyectos.

A vosotros, qué soñáis con un mundo mejor, más justo y solidario.

Nos vemos en la web www.enganchados.org, en nuestro perfil de Instagram @enganchados_oficial, en facebook (Enganchados ONG) o en Twitter @eCHADnosunamano.

Merci. Oi djo. .شكرا لك
À tout! Beré!

Domingo, 23 Marzo 2025 08:51

Bébédjia, 4 de marzo de 2025

Dicen que pisar una caca por la calle o que una paloma te deje un “regalo” justo cuando pasas por debajo atrae la buena suerte. Que los martes son días de desgracias y que si ves una araña en casa o una mariposa blanca, tendrás fortuna.

Poco hay escrito sobre el significado de que un dulce bebito se orine encima de ti, pero parece que si, que hay culturas que contemplan esto como un símbolo de buena suerte y prosperidad al considerar que el niño, inocente y puro, te estaría, a su manera, bendiciendo. Y, sea verdadero o falso, yo he decidido que esas culturas tienen razón, porque el día ha mejorado desde que la pequeña Providence (prima de la huérfana Marie) se ha aliviado en mi regazo. Tanto calor hacía que el líquido elemento hasta me ha refrescado.

No es la primera vez que me pasa aquí, no os creáis. Hubo un año en que la malnutrida Anaïs (que acabó uniéndose al ejército de ángeles que colman este cielo) relajaba esfínteres una de cada 3 veces que yo la cogía.

Aquí coger a un rorro es como jugar al “pis ruso”. Los bebés no llevan pañales y deberás decidir si las ganas de tenerlos en brazos sin saber si están cargados supera al asquete que te puede dar si deciden evacuar. Yo elijo brazos. Siempre. Que de ropa uno siempre se puede cambiar y abrazo que no se da, caricia que se pierde.

Mañana pre-bendición

Amarga y frustrante.

Los padres de Emmanuel (el bebé de la Habitación Bonita) y de la adolescente embarazada (Esther) han firmado el alta voluntaria, convencidos de que la medicina occidental nada más les puede ofrecer. A los dos les esperan las escarificaciones o la muerte en casa, pero al no ser espectadora de esos finales, al menos una puede soñar desenlaces alternativos que no duelan tanto. Como Lucas, a quien imagino un poco más gordito en brazos de su madre que se resguarda del sol bajo un imponente mango.

Después del pase de visita, comenzaba el último intento por restablecer la conexión entre la planta fotovoltaica y el ingeniero de EKI en España.

Y es que yo tengo un ángel en España que se llama Ángel.

Es joven, guapetón, tiene pelazo, es generoso con su tiempo y sus conocimientos pero, sobretodo, tiene una paciencia INFINITA.

Y cuando digo infinita no exagero ni un pelo.

Hablo mucho con mi ángel español estos días. El control remoto que compramos para que desde España se pudiera supervisar la actividad de la planta fotovoltaica ha dejado de comunicar. Era importante esa comunicación porque nos ha permitido hacer diagnósticos de los problemas a distancia ya que en Chad encontrar un técnico cualificado y dispuesto a viajar al sur resulta muy complicado.

Cada día probamos algo diferente mi ángel y yo para intentar que la cosa vuelva a funcionar. Limpiarlo todo bien. Reiniciar el control remoto clip mediante. Sacar un cable, volver a meterlo. Cambiar un cable por otro. Encender y apagar el módem.

Comprobar con un ordenador que la sim de dentro funciona. Intentar reiniciar el control.

Reiniciar la planta fotovoltaica…

Hoy, penúltimo día de trabajo en Saint Joseph, Ángel y yo seguimos conectados para intentar que sane ese cordón umbilical que falla desde hace meses.

Esta mañana, como en días previos, mi particular sala de operaciones seguía llena de mugre. Cacas de ratas, milhojas de polvo, telarañas antiguas, nuevas y seminuevas…un horror. Y eso que Jean Paul asegura que había vuelto a limpiar. Claro, que todo depende de los estándares de limpieza del sujeto que limpia.

Primera fase: re-limpieza del campo

Segunda fase: la regleta. Esta fase es inenarrable. Puede que hayan sido los 50 minutos más largos de mi estancia aquí. Adaptadores que no encajan, clavijas que no caben, interruptores que se rompen…todo en calidad china.

Tercera fase: encender el grupo el electrógeno para asegurarnos de que el hospital no se quedaba en la sombra y hacer el único cambio de cables que nos faltaba.

Resultado: fracaso. Anotado. Para el próximo viaje tocará traer un nuevo control remoto.

Con todo y con eso, la situación eléctrica ha mejorado notablemente desde que, en 2018, hartos de tanto niño muerto, nos dispusimos a llevar la luz a Saint Joseph. A finales de 2016, una ONG italiana terminó la instalación de una planta fotovoltaica en Saint Joseph de Bébédjia. Los equipos, auténticos Ferraris cuyo manejo resulta complicado hasta para los técnicos europeos, fueron alojados en un contenedor en cuyo interior se alcanzan temperaturas próximas a los 60° en abril. ¿Qué pasó? Que la planta funcionó unos meses y no había servicio técnico al que llamar cuando dejó de hacerlo.

Long story short, tras 5 años de llamadas, ingenieros, alianzas con otras ONGs, contenedores y mucho esfuerzo, Saint Joseph tiene luz. En marzo, por las altas temperaturas, hay que encender el grupo electrógeno dos o tres horas al día y por las noches sigue en marcha la fotovoltaica en las zonas críticas como la pediatría.

Ahora si. Si un niño necesita oxígeno, lo tiene. Y solo por eso ha merecido la pena esta batalla que más que batalla ha sido una guerra contra la oscuridad.

La mañana pre-pis ha terminado con frustración porque la Dra. Lumière AKA Madame McGyver se creía invencible desde el punto de vista de mañosidad y la realidad es que soy del montón. Zasca de humildad acogido.

Luego vino la alegría de ver a los peques en la APMS, la manita de Sadia en mi mano un ratito y por fin, el pipí de Providence.

Mañana post-pis

Jennifer tenía malaria pero la fiebre ha desaparecido y la saturación de oxígeno se ha normalizado desde que está recibiendo tratamiento.

Catherine, la madre de Martina, y ya sin el tubo de drenaje torácico, ha encontrado fuerzas para Catherine, la madre de Martina, y ya sin el tubo de drenaje torácico, ha encontrado fuerzas para ver a su hija.

Ha ingresado un bollo de 5 meses llamado Joie con 2,7 de hemoglobina para el que pronto se ha encontrado sangre y cuya carita (quelecomolacara) mejora cada segundo que pasa. Y no llora cuando ve a la nasara. Y no sé…que tiene buena pinta la cosa. En la tarde post pis hemos organizado nuestra ya tradicional cena con las misioneras y el staff. Tortillas de patata, ensaladas, embutidos, sangría y alguna delicia más para celebrar que, un año más, seguimos enganchados a Saint Joseph cuyas instalaciones y personal mejoran año tras año.

Los bailes con los médicos y con las hermanas me recuerdan que pronto dejaré mi otro lugar en el mundo para volver a mi preciosa jaula de oro, donde me espera mi otra misión. Qué sensación tan agridulce…

Ha sido un día bonito. Sin brisa, con la dosis justa de frustración y tristeza necesarias para saborear adecuadamente el buen rollo posterior.


Gracias, Providence.

Bébédjia, a 3 de marzo de 2025.

El domingo no pasé por la pediatría en todo el día.

Por eso no me enteré de que ayer falleció el sin nombre de la cama 15 de la urgencia (al que yo llamaba Miguel). Un precioso bebé recién nacido de una bellísima madre llamada Patricia que estudia derecho. Nunca he conocido en Chad una madre tan
preocupada por un pequeño como lo estaba Patricia.

- ¿Cómo está? Creo que tiene más fiebre…¿esto es una convulsión? ¿Le puedes tomar la saturación? ¿Qué tal la analítica de hoy? Paula, crees que se va a curar ¿verdad?

Y no. No estaba bien. El pequeño estaba anémico, febril, hacía hipoglucemias, tenía convulsiones, saturaba mal, la analítica no empeoraba pero tampoco mejoraba. Y no estaba segura de que se fuera a curar, pero tampoco creí que se fuera a ir tan pronto.
Ayer la diarrea (y mi padre, seguro) me alejó físicamente de esa sala de urgencias pediátricas para que yo no viera a esa extraña madre sureña romperse de dolor mientras envolvía en un paño a su precioso segundo hijo.

Puñetazo en la boca del estómago.

Ahora que te habías curado.

En la habitación del fondo de la pediatría, aislado de la luz y del ruido, está hospitalizado un niño de 10 años con tétanos. Todos los años vemos al menos un caso aquí y es que conseguir que los niños se vacunen es toda un gesta en la brousse.

Ayer fue él quien acompañó al sin nombre al cielo. Lo llevaba en brazos. Sonreía. ¡Qué alivio que cesaran esos espasmos tan dolorosos que le inutilizaban las extremidades y le desfiguraban el rostro!.

Pero antes de emprender su viaje al paraíso, hicieron una última parada para llevarse a otro pequeño que permanecía en reanimación desde el sábado por la mañana. Se había caído de un árbol de mango, golpeándose la cabeza con tal fuerza que quedó inconsciente. Su postura, cada vez más alarmante, nos indicaba el camino hacia la descerebración.

Este año ha habido pocos traumatismos craneoencefálicos en comparación con viajes anteriores. Los mangos aún están demasiado verdes, incluso en las copas de los árboles, pero cuando empiecen a madurar, la situación se agravará. Porque el hambre no entiende de peligros.

Ninguno de los tres tendrá funeral.

Miguel ya ha mandado el mensaje a la familia. Misión cumplida.

Los dos niños más mayores, al no haber completado el ciclo “normal” de la vida (llegar a edad adulta, casarse, tener descendencia), serán enterrados con pinchos en los pies, para que no vuelvan a pisar esta tierra. Porque, en la vida que han dejado, han estado malditos.

Frente a tanta muerte, y contra todo pronóstico, la prematura de 30 semanas y 950 gramos de peso que derivaron el viernes desde el hospital de distrito (donde la madre había parido), sigue viva. A pesar de la inmadurez. Y de la malaria. ¿Se obrará el milagro?

El pequeño Emmanuel, de la Habitación Bonita, ahora está en la sala de cuidados intensivos porque a pesar del tratamiento para la malaria y la hipocalcemia, cada vez está peor. Enchufado al concentrador y vigilado por su agotada madre, parece estar más cerca de la muerte que de los vivos.

La habitación de los malnutridos sigue llena, y entrar se hace cada vez más difícil por el intenso olor a orina que llena cada rincón. Van bien los malnutridos. Lentos pero sin grandes complicaciones.

La Habitación Bonita hoy está poco concurrida.

Arlette continuará engordando en casa de su abuela Ambrosie, que hoy estaba feliz de dejar la Habitación.

Martina sigue esperando a que a su madre reciba el alta en el servicio de Medicina. La madre, de nombre Catherine, stuvo gravemente enferma después de dar a luz por culpa de una colección de pus que ocupaba medio pulmón derecho. Se colocó el tubo de tórax el viernes y ya, por fin, está sin oxígeno aunque con tratamiento para la tuberculosis.

Mientras la espera, Martina, de 3 semanas de vida, bebe la leche de fórmula que su familia le da con un vasito de plástico, que aquí el biberón no se estila.

De la nueva inquilina de la Habitación Bonita os hablé hace días. Una huérfana de padre, de 3 meses de edad, con un síndrome polimalformativo severo a quien quise ingresar en su día pero cuya familia se negó. Ya hemos sabido que el padre de la niña era el tío carnal y eso justificaría, según sus creencias, que la niña naciera así. Muerto el padre, no sé muy bien si la familia da por compensada la falta cometida o si, por lo contrario, esperan que muera la pequeña niña serpiente para quedarse todos tranquilos.

Tras días de negociación con la familia y una vez dada de alta en nuestro programa Estudiar en Chad, la pequeña Jennifer ha ingresado con una saturación terrible y fiebre.

Los gastos del ingreso (para los que me habéis preguntado desde Madrid), correrán a cargo del proyecto hasta que le encontremos padrino. A la madre también la alimentaremos, porque nadie va a traer comida a esta triste madre viuda con una hija contrahecha.

En la maternidad sigue viva la niña de 16 años (embarazada de 4 meses de un niño con malformaciones graves) con Dios sabe qué en el tronco del encéfalo. Ha mejorado un poco a pesar de que estamos matando moscas a cañonazos con el tratamiento, pero sé que pronto la familia querrá  levársela para que la trate un curandero que, probablemente, acelerará su muerte.

Y mientras, en el área de cirugía, se opera en dos quirófanos. Partes que antaño eran irrealizables, hoy, gracias a que ha aumentado el personal y a una nueva mesa de quirófano, dos equipos se reparten hernias inguinales, roturas uterinas con resultados fatales, hidroceles, abscesos terribles y fracturas abiertas.

La actividad en Saint Joseph sigue su curso sin pausa, a pesar del calor asfixiante que nos oprime y que no ha hecho más que empezar.

Estoy en mi crisálida, repasando lo vivido en las últimas 24 horas.

La balanza se inclina, claramente, hacia la alegría. Tan poco pesa lo triste que el platillo de las cosas buenas está en contacto con la tierra roja donde se apoya la base.

Tres momentos. Tres en las últimas veinticuatro horas en los que he tenido la certeza de que todo estaba bien, que la vida había tejido para mí esos tres instantes perfectos para
que yo pudiera guardarlos en mis frascos.

Me he dejado envolver por ellos como hace días me dejaba envolver por brisa y ahora, refugiada en mi crisálida, lo sentido me desborda y sale por donde puede, hidratandoestos ojos llenos de ese polvo en suspensión que se levanta cuando un grupo de niños y adolescentes bailan. Bendito baile. Benditas gotas de felicidad.

Si.

Acúsenme de lo que quieran. Moñas, sensiblona, corazón de mantequilla.

Culpable.

Quiero congelar esos 3 momentos, para llorármelos cuando lo necesite. Cierro los ojos y los repaso de uno en uno.

Irene ha traído a Marie a casa. Marie, la hija de Blanchie, mi amiga Blanchie que nos dejó mientras el COVID nos retenía en nuestras casas. La niña huérfana de la mirada más triste. La que lucía ese pelo anaranjado que exhiben los que pasan hambre. Si, esa
que cuando tenía algo menos de un año bailaba sobre mi camilla mientras yo le enseñaba ejercicios a su madre para que tratara a Beau Claire.

Hacia falta explicarlo, que Javi dice que pongo demasiados nombres y que la gente no sabe de quién les hablo (aunque está todo escrito en los relatos de años pasados ;) )

El caso es que la cuñada de Blanchie me ha traído a Marie, como cada año desde que Blanchie murió. Casi siempre parece que la pequeña viene a regañadientes. Pero ayer no. Ayer Marie tenía ganas de verme. Vino limpia, bien vestida. Un pañuelo color verde
botella cubría su pelo, pero no parece desnutrida. Ya no se esconde tras las faldas de su tía. Me mira segura, sin miedo. Y su sonrisa…su sonrisa lo ha llenado todo.

Segundo instante. Marie Claire. Mi hija chadiana. Mi díscola adolescente.

Yo soñé con que acabara sus estudios en España, que encontráramos la forma de mejorar el dolor que le provoca su tullida pierna.

Yo la soñé en mi hogar, pero a su padre le venía bien que ella siguiera siendo su sirvienta, y me ofrecía a otros hijos de otras madres todavía vivas.

Marie Claire está en un internado en Doba, por eso apenas la veo cuando vengo.

Hoy ha venido a Bébédjia. Salía de la APMS y me ha visto. Ha lanzado su bolso al suelo y ha corrido todo lo rápido que le ha dejado su cojera. Y me ha abrazado fuerte. Y yo la he correspondido. Y no hay un solo rincón de mi alma que no haya sido ocupado
por la alegría que todo lo ha inundado.

Tercer instante.
Los huérfanos del programa Estudiar en Chad en la inauguración del primer edificio del Hogar Escuela Saint Paul.

Los niños y sus madres, todos de punta en blanco. Globos, música, bendición, cantos de agradecimiento, comida y bebida para todos, entrega de regalos, baile, baile, baile.

Ver a este grupo de niños crecer sanos y felices a pesar de su entorno.

Saber que están alimentados, que están recibiendo la mejor educación, que saben pintar y jugar.

Saber que se sienten queridos y acompañados.

Ver que a veces (aunque con mucho trabajo) los sueños se hacen realidad.

Hemos vuelto al hospital escoltados por Daniel y Bonaventure, que es sábado noche y hay mucho maleante. Y, conforme me acercaba a mi habitación, he notado que me iba rompiendo de felicidad. Una vez en mi crisálida, he dejado que terminara la implosión y
he roto a llorar.

Los padrinos me habéis acompañado toda la tarde. ¿No habéis notado que esta noche hay mucha luz?

 

Martes, 04 Marzo 2025 12:04

Resaca emocional

Bébédjia, 2 de marzo de 2025

Resaca emocional

No falla. En casi todos los viajes a Chad me paso un domingo (tirando hacia el final) en una cama de una de las casas de alguna misionera. Y coincide que suele ser el día después de celebrar algo con los niños, después de haberlo sentido todo, pero todo a la vez.

La clínica suele ser siempre la misma: agotamiento y gastroenteritis. Esta vez, además, aderezado con unos deliciosos 42° a la sombra.

Ya habíamos quedado con Sor Maritza para ir a su casa de Maybombay, y la oportunidad de poder charlar, tranquilamente, con ella y el resto de las Hermanitas de los Pobres es algo que uno no se puede perder.

A Maritza la conocí en 2021 cuando ella estaba en Mbikou llevando nuestro pequeño proyecto de discapacitados. 20 años lleva en este país, con algún corto periodo de descanso, que Chad es mucho Chad y hay que desintoxicarse un poco.

El trayecto a Maybombay es parecido a la ruta Bebotó, aunque más corto. Desde Doba son 40 minutos de camino de arena y cicatrices que, en época de lluvias, deja aislada del mundo a su pequeña (gran) misión. Maritza, en su Toyota, domina la conducción mientras recorre este paso sinuoso entre palmeras y mangos, árboles de karité, acacias y algún neré. Esquiva cabras, gallinas y niños con una destreza envidiable.

Los campos, como ya viera el año pasado hacia Bebotó, están quemados. Los Chadianos tienen la creencia de que así, y solo así, podrán preparar bien la tierra para la época de cosecha, y los niños aprovechan esta absurda práctica que deforesta la sabana para cazar al vuelo las esquivas ratas y asegurarse una degustación de “rat rôti” para cenar.
Resulta imposible que entiendan el concepto de rotación de cultivos. Este trozo de tierra, otrora abarrotado de vegetación, es ahora un campo árido y negruzco que, Inshallah, se convertirá en unos meses en un arrozal.

Maritza lo explica muy bien. La sociedad chadiana busca integrarse en el mundo moderno, pero sigue anclado en tradiciones y creencias ancestrales que resultan imposibles de modificar en el país que ostenta la tasa de alfabetización más baja del mundo.

Ellos han pasado directamente de la ausencia de comunicación (ni telégrafo, ni teléfono analógico, ni televisores…) al móvil y, en los últimos dos años, al smartphone y las redes sociales.
Siguen sin electricidad. Es muy fuerte esto. El país vive, todavía, a oscuras. Todo lo que se instala acaba muriendo por falta de mantenimiento. Intentaron poner luz con placas solares en el puente de Mondou y la cosa duró menos que un caramelo en la puerta de un colegio. ¿Robaron todo? Lo robaron.

No hay servicios de saneamiento básicos, la carretera está todavía en construcción (y ha sido gracias a los chinos que trabajan en la planta petrolífera que se han hecho las mejoras), y los enfermos (adultos) se llevan a los curanderos para que les sajen la piel o les pongan en la herida infectada una bosta de la vaca mezclada con la tierra, llena a su vez de basura.
Ya hay un TAC en Mondou, pero no hay un técnico que maneje la máquina ni un radiólogo que interprete las imágenes.

El chadiano vive en el aquí y el ahora, que suena tan romántico como todos esos mensajes manidos que llenan tu feed de Instagram, pero aquí, ese lifestyle, entorpece el progreso y alimenta la miseria.
Si gano 1000 francos hoy, me los pulo hoy. Y, si ya he comido algo, compro datos para mi móvil. Mañana será otro día.
Son incapaces a comprender en conceptos básicos como la compra y almacenamiento de cereales cuando el precio es bajo, en el ahorro o la inversión a futuro. Porque el futuro aquí es tan sumamente incierto, que esas ecuaciones simplemente no tienen sentido.

Aún así, las misiones en Chad, inasequibles al desaliento, siguen creando proyectos de educación, sanidad o agricultura con la casi siempre ineficiente ayuda del estado.

A Maritza le preocupa que cada vez haya menos vocaciones. La mayoría de las congregaciones tan solo cuentan con dos misioneras, número claramente insuficiente para su titánica y multidisciplinar labor. Piensan que pronto tendrán que cerrar una de las dos casas que tienen en Chad y, probablemente, será la de Maybombay, en funcionamiento desde 1997.

Sus palabras no eran un reclamo ni una queja, sino un testimonio honesto de la realidad que viven, contado con la paz de quien ha encontrado sentido en su misión.

Mientras yo me abanicaba en el camastro de soco e intentaba dormir (sin éxito, no solo por la temperatura del cuarto que rondaría los 39 grados, sino porque dormir mientras uno se abanica es imposible), ella y sus hermanas nos preparaban un rico pozole (que no he sido capaz de comer) y se tronchaban con las ocurrencias de Javier.

Mucha vida hay en esa casa.
Mucho amor y mucho servicio.
Gracias, como siempre, por abrirnos los ojos, hermana.

 

Bébédjia, a 28 de febrero de 2025

Lo que pides vs lo que te llega

Me encantan los paños africanos y los vestidos que las chadianas se hacen con ellos. Sus pieles de noche bruñida envueltas por esos lienzos coloridos que no hacen más que resaltar sus exuberantes cuerpos.
Quién tuviera esa piel.
Quién tuviera esos cuerpos.

Lamentablemente, después de unos cuantos viajes a Chad y de haberme confeccionado, tanto aquí como en casa, todo tipo de prendas, he aceptado que sus ceñidas y vibrantes indumentarias no favorecen a una escuálida nasara como yo. Ni a una nasara, aunque no sea escuálida.

Recuerdo ese vestido en colores turquesa y amarillo (con ventanas en forma de corazón en sus mangas, que no le faltaba de nada al atuendo) del que me tuvo que excarcelar Javier un día porque me quedé atascada cuando la cosa pasó del pecho. También es verdad que ni una medida me tomó el sastre del marché. Le bastó con un escaneo con la mirada para decidir las dimensiones del traje de princesa que a los pocos días me entregó.
Ese vestido se lo regalé a mi hija Chadiana pero todavía tengo tops, faldas, pareos y pantalones acumulando polvo en mi casa.

Con la lección por fin aprendida, llevo ya un par de años queriendo hacerme con un pañuelo grande como los que llevan las mujeres árabes. Ellas suelen ser mas menudas y bajas que las “sureñas” , como las denominan aquí. Sus rasgos son más finos y su piel es de color bronce o canela.
Un poco más “yo” si son.
Estas mujeres, que suelen usar aceites perfumados (para gozo de los que nos acercamos a ellas huyendo de alguna peste vecina),
envuelven sus cuerpos con unos sedosos velos de colores algo más discretos que los paños africanos. Es precioso ver cómo baila la tela sobre sus figuras, como se ondula y despliega con cada paso que dan, adaptándose a su cadencia. Cómo acaricia su delicada piel y se desliza por ella cuando se sientan.
Generalmente llevan estos delicados chales sobre otra prenda ceñida, pero hay mujeres que solo se cubren la cabeza y el cuello con ellos a modo de “Shayla” y utilizan vestidos vaporosos por debajo.

Vaya, que yo me veo más con un modelamen árabe y en mi wishlist de este año estaba anotado “encontrar tela vaporosa árabe para mi”.

El caso es que el otro día acabaron pronto el parte de quirófano y el resto del equipo se marchó a dar un voltio por el mercado. Yo tenía pacientes todavía por ver, así que le pedí a Sara que se hiciera con uno de esos velos para mi.

Difícil el recado, lo sé, que habré estado en el marché enemil veces y nunca he visto una boutique (me parece tannn gracioso que llamen así al cutre chiringo hecho con palos y pajas…) que los tenga.

Entre paciente y paciente veía las fotos que me mandaban y, cansadas ambas partes de la búsqueda, me decidí por la tela menos fea que vi colgada.

-Buff…no sé. Creo que el azul mejor, que el rosa es muy feo….

LO QUE PIDES: No me esperaba nada extraordinario, pero al menos si una tela liviana y manejable.

LO QUE RECIBES
El packaging: bolsa caca perro XXL y tela emburruñada en su interior.
La tela:

- ¿Pero esto qué es? Esto está más rígido que una bolsa de rafia…
- Lo que nos has dicho que compremos, nena.

Cómo la voy a matar si habla con un gracejo que dan ganas de comerle la cara.

La tela: fea, tiesa, de las que pican un poco, y con unos flequillos en un extremo mosqueantes…

Vuelta a la bolsa finustica negra.
Ya veremos qué hago con ella.

Al día siguiente me suena el WhatsApp dmientras estoy en la pediatría y mis compis en la cirugía.
Hay una foto.
No se me descargan las fotos automáticamente.
La abro.

Cubriendo cada ventana de la sala de hospitalización, mi tela.
Había comprado una cortina. Una cortina fea. Una cortina que parece un mantel malo del chino.

Casi se ahoga Pelagie de la risa cuando le he traído la cortina. Ha presentado mi caso en sesión. Ha intentado colocármelo a modo vestido. Se ha abierto un debate sobre las compras “online” y, entre risa y risa (que os digo que pocas cosas suenan tan bien aquí como las risas de Pelagie), he visto a la jefa de pediatría mirar mi cortina con ojos golositos.

Una mujer tan top como ella se merece una cortina tiesa, de los colores de moda, que cubra la puerta de su humilde casa.
Y de paso que le recuerde que tiene una amiga y compañera española con muy mal gusto que la quiere y admira a partes iguales.

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