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Blog de la Doctora Paula

Medica especializa en Medicina Física y Rehabilitación trabaja en el servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario de Fuenlabrada

Sábado, 11 Febrero 2023 08:38

“¡Vamos cariño!”

Bébédjia a 9 de febrero de 2023

“¡Vamos cariño!”

Voy juntando poquitos de información para lograr componer la historia de nuestro pequeño Esperance.

La madre , Adeline, tiene 25 años y 5 hijos en total. La mayor tiene 10 años y la pequeña, Inocente de nombre, tendrá alrededor de 18 meses.

La madre de Adeline es Christine, la súper kaká.

El padre de Esperance murió en en 2020 o 2021 (eso no me queda claro). Más o menos en la misma época, Esperance sufrió una malaria cerebral que le quitó la autonomía que había logrado tras la meningoencefalitis.

Tras la muerte del padre, nadie quiso hacerse cargo de Adeline y su prole, probablemente por la discapacidad de Esperance. Recordad que aquí un niño con una discapacidad es una carga familiar difícil de asumir desde el punto de vista económico; enfermará y necesitará dinero para ser curado y, para más inri, no será capaz de ganarse la vida y colaborar con los gastos familiares. Pero ojo, que también es una carga social. Existe la creencia mágica de que los niños serpiente (que así los llaman) son el castigo por alguna falta que ha cometido algún miembro de la familia y la culpa no se purgará hasta que el niño muera.

Nadie quiere cargar con tamaña mochila, así que ahora son ellas dos las que deben sacar adelante a los 7 del clan.

Esperance tiene 8 años y pesa 10 kilos. Su madre y su abuela lo quieren porque si no ya habría muerto, pero estoy segura que es el último que come en casa porque es “el que menos renta”, como dirían nuestros nassaradolescentes. Este es el mundo al revés, señores. Cuanto más vulnerable, menos cuidados. Así que malnutrición crónica al canto.

Las secuelas de las dos infecciones del sistema nervioso, la malnutrición y la inmovilidad (a Esperance lo transportan) lo han conducido a la situación en la que se encuentra ahora: limitación de las cuatro extremidades, imposibilidad para desplazarse, dificultad para alimentarse, alteración cognitiva y discapacidad visual severa.

Y a pesar de tooooodo este currículum, es un niño risueño y muy comunicativo aunque no se le entienda bien.

A Esperance le gustan las pelotas y el ruido del xilófono. Le gusta la música de Zaz y cuando le hablas con cariño. Le gustan las galletas y, a pesar de lo poco que ve, es capaz de tantear las superficies y encontrar el pedacito extraviado. Si no atina para llevárselo a la boca y se le cae (solo utiliza la mano izquierda pero hace una garra poco funcional), no desfallece ni se irrita. Lo intenta una vez, y otra, y otra, y otra más hasta que lo consigue. No le gusta que le estires los gemelos pero apenas se queja y enseguida vuelve a la risueñez cuando le dejas en paz. Su sonrisa torcida y su mirada de medio lado transmiten buen rollo y ternura a partes iguales.

En poco tiempo se consigue bastante. Cada vez aguanta mejor sentado. Cada vez está menos tenso. Yo le animo sin parar.

- ¡Vamos cariño! ¡Vamos cariño!

Esperance ha ido más allá.

Tan impresionante y desternillante es la cosa, que Rocío lo grabó para los más escépticos.

Ahora, además de trabajar cada vez mejor, me anima a mi con su lengua de trapo y me dice:

- ¡Vamos cariño!

Me
Lo
Co
Mo 
Con
Patatas

 

Sábado, 11 Febrero 2023 08:36

El teléfono escacharrado.

Bébédjia, 8 de febrero de 2023


El teléfono escacharrado.

Día 3. Seguimos con la fase de acoplamiento pero ya más integrados en la rutina hospitalaria. Aunque sea el quinto año que vengo aquí, siguen costando los pases de guardia sotto voce. Parece que hay una cámara oculta. El que sale del turno de noche comenta al equipo de la mañana las incidencias que hayan ocurrido en su turno, pero lo hace en una voz TAN baja (modo policía de paisano hablando a micro oculto) que no hay quien se entere. El equipo que entra se mantiene impasible. Alguno asiente. Y tu te quedas perplejo -modo ardilla de ice age- porque no has entendido ni una palabra en toda la reunión.

Tras haber transmitido a susurros toda información relevante, empiezan a hablar en tono normal.

Esta mañana, Rocío creyó entender que le había sucedido algo al padre de Pelagie (la jefa de enfermeria de pediatría) y que, por ese motivo, esta no iba a poder estar durante el día en la unidad y tampoco Zebu (mano derecha de Pelagie, el más mayor del servicio), que iba a acompañarla en la búsqueda de medicamentos para su padre, gravemente enfermo. La ausencia de estos dos pilares básicos en la pediatria había provocado un gran revuelo entre el personal de la unidad, por lo que discutían entre ellos, probablemente mientras se decidía quién sería el responsable del pase de visita.

Preocupada, me acerco a la pediatría con paso allegro ma non tropo (aquí correr, no corre nadie) para manifestar nuestra disposición para ayudar en lo que se pueda y nos encontramos con una unidad tranquila. Pelagie y Zebu no están, pero el Dr. Israel (incorporado esta misma semana) acaba de llegar para el pase y Rocío y yo le acompañamos. Al rato se incorporan Pelagie y Zebu.

La conversación real:

Pelagie debía ir con Zebu (también conocido como “papá“ por ser el más añoso) a una reunión con el director y el resto del equipo les exponía quejas sobre el funcionamiento de la unidad (sobretodo por la falta de luz la mayor parte del día; ver morir a niños cuando se va la luz y, por tanto, el oxígeno, es un sapo difícil de tragar).

Y esto, queridos míos, nos pasa a diario (pero mucho peor) con los pacientes.

Generalmente no hablan francés, sino nganbae o árabe. Los que hablan nganbae saben algo tirando a poco de árabe pero la mayoría de los árabes no hablan otra cosa que su idioma.

Cuando quieres saber la historia de algún paciente lo intentas primero en francés. Cuando compruebas que por ahí vas mal, le sueltas los síntomas principales en nganbae o en árabe (se pueden consultar en el pequeño diccionario que he escrito con palabras clave como diarrea, fiebre, dolor o vómitos, tan útiles por estos lares) con la esperanza de que ellos asientan con la cabeza cuando hayas pronunciado el síntoma que tienen (claro que previamente tienen que haberlo entendido, lo cual puede ocurrir en menos de la mitad de los casos). En cualquier caso, es recomendable siempre acompañar la palabra clave con una interpretación teatral que parece sencillo pero tiene su intríngulis en el caso de algunos síntomas (véase diarrea). Pero claro, eso te da una idea de los síntomas, pero no del tiempo de evolución, el ritmo y otra larga ristra de información que los galenos europeos nos aseguramos de poseer antes de explorar y que, por si sola, puede acercarte mucho al diagnóstico.

Generalmente se produce el asentimiento y, posteriormente, un discurso ininteligible para nosotros - aunque nunca demasiado extenso - donde probablemente nos dan uno o más datos relevantes que, por supuesto, no entendemos porque eso no hay diccionario casero que lo recoja.

Cuando has llegado a tu límite comunicativo, vas en busca y captura de alguien que haya estado escolarizado los suficientes años para hacer de traductora espontánea. Una vez encuentras a la rara avis, no la puedes dejar marchar, pues te apoyarás en ella el resto de la jornada. Tu preguntas en francés, rara avis lo traduce al idioma que proceda, paciente o familiar de la paciente emite información de vuelta que avis traduce y te vuelve a ti en un francés apañao. ¿Cuánta información se ha perdido en el proceso de ida y vuelta? Ni idea, oiga. El proceso es lento, tedioso. Pero todo aquí cuesta mucho, así que lo asumes sin desfallecer hasta que quedas satisfecho de datos.

Si no encuentras a la que sera tú persona preferida el resto de la jornada, perseguirás a alguno de tus compañeros enfermeros para que te ayuden, cosa que no siempre pueden hacer por la presión asistencial.

Situación actual en la pediatría: ausencia de traductora oficial por el momento.

La realización de una historia Clinica potable es pura fantasía. 

Ainsss.

Sábado, 11 Febrero 2023 08:32

Esperance

Bébédjia, a 7 de febrero de 2023

Esperance

Gema, mi compañera fisioterapeuta del Hospital (y de enganCHADos), conoció a Esperance en junio de 2017.

El pequeño, que entonces tenía dos años, había sobrevivido a una meningoencefalitis tuberculosa pero había perdido la capacidad para desplazarse y tenia un defecto visual importante.

A Esperance le acompañaba en el hospital su padre, que caminaba con muletas por las secuelas que le dejó la poliomielitis, y su abuela, Christine, de quien ya os hablé hace años.

Gema trabajó con él y enseñó a la abuela y al padre cómo estimularlo en casa. Cuando yo llegué a Bébédjia en noviembre de ese mismo año, me trajeron al peque. Tengo vídeos y miles de fotos porque me emocionó ver cómo Esperance había mejorado muchísimo ya que pesar de los déficits, gateaba, se ponía de pie y caminaba agarrado por la barra lateral que acabábamos de instalar para nuestro proyecto.

El padre tenía nuestro teléfono, y llamaba a Gema para que le ayudáramos para continuar sus estudios. A mi me lo pedía en persona cuando me veía año tras año en Saint Joseph. Conocía a algún enfermero que le avisaba de que la expedición española había llegado y me lo encontraba, al poco de aterrizar, esperando en la puerta del hospi sin el niño. Le explicaba, año tras año, que enganchados es un proyecto sanitario y que no podíamos subvencionar sus estudios (por mucho que me hubiera gustado), pero que intentaría buscar algún proyecto que pudiera ayudarle (y que nunca encontré).
El año pasado no vino a verme. Pregunté y me contaron que el papá había fallecido, pero que Esperance seguía vivo y al cuidado de su abuela.

Hoy Pelagie, la enfermera jefa de la Pediatria, me ha pedido que valorara un paciente de 8 años con secuelas de malaria cerebral. Al parecer estaba haciendo tratamiento rehabilitador con la hermana Mabel en Doba y lo derivaron a Saint Joseph para ingresar por malnutrición. Reviso la historia. Hay pocos datos.

Pelagie me ha acompañado a ver al paciente que estaba tumbado en el suelo sobre un paño. Me parece demasiado pequeño, demasiado delgado para la edad que dicen.

- ¿8 años?

Pelagie asiente.

El chaval está boca abajo, con las piernas hiperextendidas y los pies en punta. Sus brazos, en flexión el derecho y extendido el izquierdo, se mueven torpemente, sobretodo el derecho, cuya mano mantiene fuertemente cerrada. En esta posición solo alcanza a subir ligeramente la cabeza y la parte superior del tórax, y cada vez que lo intenta, las piernas, rígidas, se dirigen hacia arriba y el cuerpo entero se comba. Tiene el pantalón empapado de orina y con restos de jefes. Parece que canturrea. Al menos está contento. Con cuidado lo volteo y me encuentro una carita que reconozco. Esos ojos grandes, redondos. Esa mirada desviada a la derecha.

- ¿Se llama Esperance?

- Si.

- ¿Ha venido con la abuela

Pelagie asiente y se marcha en busca de la abuela. Pronto aparece con Christine, que no me reconoce hasta que no le enseño los vídeos de 2017. Se lleva la mano a la boca, me mira, ríe y empieza a contarle en nganbae nuestra historia a las compañeras de habitación. Supongo que les hablaría de los juguetes que tanto le gustaban a Esperance, de cómo le engañábamos con cacahuetes para que caminara alrededor de la mesa o a lo largo de la barra. De los aplausos y ovaciones cada vez que recorría la pediatría gateando en busca del xilófono.

Esperance y Christine. Me pregunto qué habrá pasado entre medias para que ahora el pequeño esté tan afectado neurológicamente. No consigo enterarme. Christine apenas habla francés y los enfermeros están demasiado liados para hacer de traductores.

Escribo a Gema.

Empezaremos de nuevo.

Bébédjia a 6 de febrero de 2023

Hay una capilla dentro del hospital. La mandaron construir hace unos dos años, gracias a unos benefactores polacos.

En esa capilla se reúnen los lunes los trabajadores de Saint Joseph y con unos cantos, una lectura del evangelio y una reflexión sobre lo leído comienza la actividad cada semana.

La capilla es abierta y austera, con bancos de cemento de principio a fin. En ella también se celebra, una vez al mes, la misa de los enfermos, donde acuden pacientes, familiares y personal.

Es lunes, y aquí ha empezado nuestra jornada laboral hoy también. Una vez presentados en sociedad los 5 (bueno, los 3, que Javier y yo ya casi somos parte del staff), nos hemos distribuido por nuestras respectivas zonas. Yo he acompañado a Rocío a la pediatria que está bastante tranquila (me refiero a la sala de pediatría, que la pediatra estaba nerviosa pensando en el debut). Hay 39 pacientes ingresados cuando en época de lluvias hemos llegado a tener 108.

Calma aparente. Aparente, porque a los pocos minutos de llegar, sin que me hubiera dado tiempo a enseñar a Rocío el control de enfermería o las habitaciones, han traído a un prematuro que acababa de nacer y no respiraba.

Si no hay luz no hay concentrador de oxigeno, así que sirviéndonos del unico ambú de la unidad, hemos empezado con la reanimación del pequeñin. Rocío me mira atónita. Nadie corre, todo se hace lentamente, hasta las ventilaciones del pequeño, como si todo el mundo fuera consciente de que hay muy poco que hacer. Con una prudencia y educación exquisitas, Rocío ha comenzado a dirigir la reanimación hipermegabásica del bebé que yacía inmóvil, pálido y arreactivo. Cuando por fin empezaba a respirar por si mismo, nos ha llegado su hermano que, a priori, pintaba mejor…hasta que se ha parado. Y así hemos estado, ventilando a uno y otro, dando masaje cardiaco al primero y al segundo cuando sus corazoncitos dejaban de latir, poniéndoles cafeína por una sonda nasogástrica (cafeína que hemos traído nosotros, que aquí no hay) porque hasta el momento había sido imposible cogerles una vía. Yo me he ido a ver a un paciente a la consulta y, a mi vuelta, Rocío me confirmaba que ambos respiraban. Por fin había luz. Por fin se pudieron poner en marcha los concentrados Por fin los gemelos parecían reaccionar.

Felicidad.

Superada esta primera fase de ansieuforia, ha sido una tortura ver cómo intentaban cogerles una vía. Sus pequeños brazos con diminutos hematomas lineales en manos, antebrazos, codos y pies fruto de numerosos intentos de canalización fallidos. Los enfermeros, ayudados de las linternas de sus moviles, intentándolo una, otra, otra vez. El llanto lento, débil provocado por el dolor. Sus movimientos espontáneos todavía poco enérgicos, pausados, ineficaces.

Finalmente se ha conseguido colocar sendas vías y se les ha cubierto con una manta térmica que, lamentablemente, de poco ha servido, pues el segundo en llegar ha fallecido al poco tiempo. La abuela se ha quedado sosteniendo el bracito del prematuro primero para que la vía funcione bien. Ojalá salga. Ojalá.

Ha habido más, mucho más este día de estreno. La hermana Mabel del centro de discapacitados de Doba manda un goteo de pacientes que nos mantiene ocupados hasta la hora (sofocante) de la comida.

También se han sucedido los abrazos (que hoy si me los han dado, aunque reconozco que antes de escuchar mi todavía prácticamente inexistente voz), las llamadas de Elisabeth para que valore a alguien o intente poner en orden el almacén (que cada año toca ordenar y tirar) y mucha alegria al comprobar que todavía me acuerdo del Nganbae, de las palabras claves en Árabe y que me manejo mejor en francés.

A las 10 de la noche toca vuelta rápida por la pediatría para repartir comida y para comprobar que el primer gemelo decidió acompañar a su hermano en el cielo, que allí no duelen los pinchazos ni te molestan un par de nazaras insuflándote aire en tus inmaduros pulmones cuando todos los demás sabían que no había nada que hacer. Y es que sin dolor y sin disnea se puede uno dormir, y dormidito se está mejor.

Impresionante la respuesta de nuestra pediatra, Rocío. Su calma, el respeto con el que ha manejado la situación y la aceptación inmediata de esta realidad, la realidad en la que tendrá que trabajar y luchar el resto del mes.

Hoy ganó la muerte, pero mañana puede que no. Ademas, las baterías para la planta fotovoltaica siguen acercándose a Douala. Y con ellas estoy segura de que a la muerte le costará más imponerse.

Palabra de la Dra. Lumière.

Martes, 07 Febrero 2023 16:06

Bébédjia, a 5 de febrero de 2023

Bébédjia, a 5 de febrero de 2023

Amanecí sin voz pero con todísimas las ganas de hablar. No sólo estoy muda. Me acompaña una tos perruna que aleja hasta a los más valientes. Difícil abrazar a diestro y siniestro (y mira que me gustan los abrazos, pero hay que contarse cuando el modo infectocontagioso is ON).

Parece imposible que ya haya pasado un año. Bébédjia ha cambiado poco. La misma carretera, el lento ir y venir de la gente por sus orillas, la tierra roja, los árboles de mango con sus frutos todavía inmaduros, los niños que te llaman “nazara” desde lo lejos para captar tu atención, las cabras, gallinas y cerdos libres, comiendo Dios sabe qué del suelo (porque sólo hay tierra y basura), el puesto de la madre de Eveline, la tiendita de Abakar y la de Abdel (que me gusta más), el Amikal, las pequeñas montañas de ceniza por aquí y por allá,  el mercado…

Hace mucho calor para la época del año en la que estamos. Mucho más que el año pasado. El calentamiento global es, efectivamente, global.

Parece que van a abrir la gasolinera que cerró antes de que yo pusiera un pie en esta tierra. Mientras tanto, los pequeños comerciantes siguen ofreciendo sus botellas rellenas del preciado líquido.

Han abierto una nueva discoteca que se llama Facebook. Dicen que la música es buena y es algo más chic que la corrala de La Petrolier.
Prometo ampliar la información a este respecto.

Y aunque el escenario sigue más o menos como lo dejamos hace algo menos de un año, han cambiado alguna de las actrices principales.

En la casa de las Combonianas hay nuevas caras. Sor Susan, Ugandesa, ha venido a tomarle el relevo a Sor Elisabeth, que se retira de la cancha de juego (merecidisimamente) durante un tiempo todavía por determinar. Es mucho más tranquila que la brava italiana, pero es cercana, amable y parece que aprende rápido (no le queda otra a la pobre). La presión supongo que será inmensa. Cómo sustituir a la doctora que ejerce de ginecóloga, cirujana general, traumatóloga, uróloga, internista, pediatra y radióloga? Je ne sais pas, vraiment. On verá.
Sor Pilar volverá en unos días de Congo y Delphine ya se marchó a Italia. Parece que Marie la seguirá en un mes. Ambas deben seguir su formación antes de realizar los votos definitivos.

En casa de las mexicanas también hay sangre nueva. A Sor Laura ya la conocíamos del año pasado. Había llegado 4 meses antes que nosotros con su sonrisa gigante y sincera, sus ganas y sus nulos conocimientos en francés. Se ha hecho con los niños de la APMS y parece seguir contenta. Ines y Teresa se han marchado, y ha llegado una hermana que se llama Guadalupe que me ha requetechiflado. Es de esas personas que sonríen con los ojos que a mi me gustan tanto. Simpática, divertida y sobrepasada por el francés (ella ni papa tampoco). Nos han invitado a un licuado de concentrado de hibisco, limón y apio que Jose quiere plagiar desde ya, aunque sin licuadora no veo cómo se va a apañar. Y sin apio, que yo no he visto ninguno en el mercado. Y sin frigorífico que funcione 24/7.

El hermano Jesuita que operaba en Goundi se ha marchado, así que ahora también vienen a Saint Joseph los pacientes de esa parte del país. La Cirugía, a tope.

Llegaron 3 médicos recién licenciados hace unos días, pero lamentablemente uno de ellos (el que parecía tener más habilidad con el bisturí) ya ha causado “alta voluntaria” (por no decir que se ha fugado tras firmar el contrato) porque quiere quedarse en la capital. Qué difícil es la fidelización de los médicos aquí. O los integra el estado, o se marchan a ciudades más grandes o incluso a otros países para hacer la especialidad (normal por otra parte) o les contrata una gran ONG. Elisabeth está que trina. Solo espera que los otros dos duren un poquito más.

Mañana nos esperan a las 7 de la mañana para iniciar la semana.  Conoceremos a los nuevos médicos y Jose, Rocio y María Jesús podrán tomar el pulso al Saint Joseph.

Un abrazo a todos.
No os hagáis los remolones que a vosotros no os contagio y me encantan los achuchones.

Dos semanas antes: tu marido se pone enfermo y no para de toser. Noche y día. Tu a lo tuyo, con la sesión en francés sobre los traumatismos craneoencefálicos.

5 días antes: cae numero 3. Inicialmente síntomas débiles

4 días antes: síntomas floridos del virus que toque. Compendio respiratorio e intestinal.
Pero claro, tú ya te lo has comido a besos.

48 horas antes: llevas tus gafas progresivas (si, progresivas) a una Optica random para que te ajuste las patillas y te las ajusta. También calienta tanto la cosa que las lentes se cuartean tipo tierra seca de zona semidesértica en verano. Ya no ves. Y ella, se hace la sueca. Y, por supuesto, NADIE te hace unas progresivas con ene mil tratamientos (o sin ellos) en 48 horas.
Oh wait! Si tienes el mejor óptico del universo en Villaviciosa de Odon! Él lo intentará.

48 horas antes también: te empiezas a encontrar como el culo. Trasferencia vírica de número 3 a madre COMPLETED.

Menos de 24 horas antes: tienes que comprar unas gafas más pequeñas que las que tienes para adaptarle las progresivas que vienen, en plan carrera de relevos, desde Alemania ni mas ni menos. Con la de cosas que tienes que hacer, a menos de 24 horas del despegue, una menda se halla en la zona de gafas de sol del Hipercor de Pozuelo en busca de unas gafas para microcéfala, graduables y que no se apoyen con toda su ira en la nariz. Crees que las has encontrado aunque quedan un poco grandes. Utilizas una tarjeta abono que te encuentras en el bolso para pagar. Te vas a la óptica del corte inglés donde te dicen que ese plasticazo no admiten modificaciones ni graduación. Vueeeeeelta a la zona gafas para devolverlas y buscar otras. Devolución a la tarjeta regalo que se queda en el puesto de pago a la espera de reutilizar mientras buscas otras. En ese ínterin otra clienta pasa a la zona de caja para devolver unas gafas y no se sabe bien ni cómo ni por qué acaba con mi tarjeta de abono con mi dinerito y el suyo en mi tarjeta de abono. Cuando nos damos cuenta ha desaparecido. Trámites de recuperación de saldo: 1 hora y media.

Ohhhhhhhm.

Tareas pendientes: acabar maleta, imprimir billetes, seguros, charlas, certificados COVID, comprar algodón y tierra biodegradable para el hámster, vuelta a la farmacia (6ª vez en la última semana) porque se te ha olvidado comprar algo, llamadas, ir a Villaviciosa de Odón a que me adapten las lentes (en serio: lo de mi nuevo óptico es increíble), cenar, beberme una copa de vino, hablar con los niños y ronda de mimos, atar cabos sueltos con marido, cargar cajas y maletas en el coche, meterme en la cama e intentar dormir antes de que suene la alarma a las 3:00.

Ojos como platos

3:00. Empieza el viaje

Cada viaje es distinto y todos igual de terroríficos.
Las escalas demasiado largas, pero nunca lo suficiente para que no te encuentres a ti misma el el último minuto corriendo de un lado a otro para que te de tiempo a ir al baño, rellenar la botellita de agua y comprar algo de comida antes del embarque.
Bajo los efectos de los corticoides, puedo presumir de no haber echado ni un sueñecito en las 10 horas de vuelo que siguieron al estrés pero embarque.
Y con ese estado de alerta aterrizamos en NDjamena a la hora prevista, dispuestos a enfrentarnos al control policial, al momento en que te cambian tu pasaporte por un salvoconducto y al momentazo final aeropuertil de discusión sobre el contenido de las maletas, si tenemos este u ese papel, que si nos las quedamos, que si el ministro de sanidad no ha dado el ok…
Advertidos de que es la última vez que nos dejan llevarnos las maletas sin tener todos los papeles en regla, vamos a la busca de Jean Paul y la Toyota del hospital que nos llevará al centro de acogida donde pondremos las piernas en alto unas 6 horas antes de salir para los trámites en el viceconsulado y emprender la tortura de viaje que nos llevará a Bébédjia.
11 horitas alternando carretera potable y pista de ralley que nos ha obligado a parar varias veces para evitar que la pobre Rocio colapsara del mareo que llevaba la pobre. Y agradecidos de cada parada que nos permitía desencajarnos del asiento y estirar las piernas.
11 horas hasta llegar a Bébédjia con la bolsa de medicamentos que necesitan frio en una mochila térmica que ha hecho su papel gracias al hielo que nos ha conseguido Jean Paul en NDjamena.
11 horas de sudor, dolor de sacro, de rodillas, de garganta in crescendo amenizados por la música de la lista más choni de Jose.
Y tras casi cuatro horas de asentamiento en Saint Joseph, de reparto de chambres, búsqueda de misioneras para que el contenido del termomacuto no se perdiera después de toooodos los kilómetros recorridos, cena y charla con Elisabeth, me encuentro de nuevo en mi crisálida, preguntándome si el sonido del mosquito está fuera o dentro de la misma.
Ya estoy en casa.

Miércoles, 16 Febrero 2022 07:51

Mis frascos

Bébédjia, a 12 de febrero de 2022

Mis frascos

Siempre he pensado que sería maravilloso poder guardar imágenes, sonidos, sensaciones, olores y emociones en pequeños botecitos mágicos que uno pudiera abrir cuando lo necesitara para trasladarte, momentáneamente, a esos lugares o a esos momentos tan especiales.

Hoy toca fabricar esas botellitas imaginarias para guardar todo lo que no quiero olvidar.

No quiero olvidar a Modeste-Miracle, a Issa, a Bienvenue, a Yvette y Jackie, a Orphine, a Sandra, Michel, Moustapha o Ahmed.

Quiero guardar en un botecito especial a Emmanuel, en el mismo en el que guardé a Survi en 2019.

Un frasquito contendrá a las misioneras a las que quiero desde hace años y a las nuevas incorporaciones de Mbikou, Doba y Bebotó. Este frasco habré de abrirlo cada vez que piense que mi día a día es duro o cuando la tibieza contamine mi fe.
He conseguido que venga Marie con su tía para despedirme de ella y darle un pañuelito mío que cubra sus cabellos pelirrojos por la malnutrición y que, de paso, alegre su triste mirada. Y unos bombones. Y unas espirales antimosquitos. Y unas galletitas. Y jabón. Y una tetera de plástico. Y agua. A cambio me la llevo en el botecito donde está Blanchie.

En el frasco destinado a los Discapacitados de Mbikou, he añadido a dos más: Franklin y Charlotte. Todos para dentro. Compartiré su esencia con sus generosos padrinos.

El bote de los huérfanos apadrinados gracias al proyecto “estudiar en Chad” está cada vez más lleno. Brilla más, hay más risas, menos malnutridos y mejores notas. Esta esencia la inhalaré cuando esté de bajón. Probablemente iré necesitando un continente mayor, porque hay casi 100 alumnos en Bebotó que necesitan padrino. Ya os contaré más adelante.

Nuestra cocinera Jeannette y sus sabrosos platos merecen el bote de los sabores. El aguacate, la lechuga, la cebolla, la berenjena, la pizza de cabra y la mousaka con bechamel hecha con leche en polvo Nido.

Me guardo el olor ajazminado de unas flores que nunca llegué a identificar. Un olor dulce y suave que nos ha acompañado todo el viaje y que nunca había sentido en las misiones previas.
Los majestuosos mangos con sus frutos todavía inmaduros, los árboles de flores naranjas, las buganvillas, las estrellas que brillan más que en casa, la luna que crece de abajo a arriba, el sonido de las aves nocturnas y la voz de Sor Marie cantando.
Me guardo los momentos de risas (muchos) y los más tristes y bajos.
El color azul de Saint Joseph. Mis compañeros. Mis amigos.

Hoy acaba la misión en Saint Joseph.
Nos espera el espantoso viaje de vuelta pero también la llegada al maravilloso dentro de acogida, lugar donde das al interruptor y la luz se enciende ¡a cualquier hora!

Antes de montarnos en el avión nos haremos la PCR (que esperemos sea negativa), nos enfrentaremos a los tediosos trámites del aeropuerto y, si Dios quiere, volaremos la madrugada del martes al miércoles.

Muchas gracias a todos los que habéis querido abrir los ojos y los oídos durante este mes. Los que habéis accedido a compartir el dolor, la enfermedad y la muerte con nosotros, con ellos. A todos a los que os entristece el sufrimiento ajeno y os enoja la injusticia. A vosotros, qué soñáis con un mundo mejor, más equitativo y solidario.

Nos vemos en la web www.enganchados.org, en nuestro perfil de Instagram @enganchados_oficial, en facebook (Enganchados ONG) o en Twitter @eCHADnosunamano.

Merci. Oi djo. شكرا لك.
À tout! Beré! إلى اللقاء

Miércoles, 16 Febrero 2022 07:49

Oro rojo

Bébédjia, a 11 de febrero de 2022

Oro rojo

Los españoles somos conocidos por nuestra generosidad como donantes. Nuestro espíritu solidario debería exportarse, como el aceite de oliva o el vino. Marca España. Sobretodo a países como éste donde tanta necesidad hay a diario.

Las malarias de repetición ocasionan un aumento de destrucción de glóbulos rojos y una disminución de su producción, causando anemias graves y siendo especialmente susceptibles los niños y las mujeres embarazadas. Todos los que hemos trabajado aquí nos hemos enfrentado con hemoglobinas de 1 o 2 gramos y nos hemos preguntado cómo es posible que sigan vivos. Son la raza fuerte, de eso no tengo duda.

Teniendo en cuenta que la mayoría de chadianos son más bien de hemoglobina baja, en caso de parto o cirugía todos necesitarán al menos « une poche » del preciado líquido.

Gracias a nuestro hematólogo enganCHADo, Alfredo Bermejo, creamos un banco de sangre en Saint Joseph. La cosa tiene su intríngulis, porque para mantener la sangre donada en condiciones, tienes que disponer de un frigorífico cuyo funcionamiento no dependa de la electricidad, sino de la energía solar, del gas o de ambas. Encontrar el bicho no resultó no fácil ni barato, pero gracias a él, a las campañas de sensibilización y a las mejoras en el laboratorio, ahora podemos presumir de un pequeño banco.

Hay dos tipos de donantes: los donantes voluntarios y los donantes “por necesidad”. Los voluntarios suelen ser estudiantes de liceo, sores y enganchados. Pero somos minoría. Y eso que te dan un snack como premio. La mayoría de los que acuden al banco son familiares de pacientes. Llegan varios juntos (no siempre, que hay pacientes que mueren esperando a que algún pariente se acerque por allí), confiando en que al menos uno de ellos sea de un grupo compatible.
Una vez encontrado el donante, hay que hacer una batería de tests para descartar que tengas infección por VIH, hepatitis B, C o sífilis. Lamentablemente, en ese despistaje, son muchos los que se quedan fuera.

Da un poco de nervios todo el proceso. El cuarto de extracción es pequeño y está concurrido: familiares pendientes de testar, donantes voluntarios zampándose el premio post-donación, y una rata a la que le gusta trepar por la pared que está justo en frente de la camilla de donación (que, por cierto, es comodísima). Primero analítica en brazo derecho para despistaje de enfermedades contagiosas.
La espera para recibir el resultado de las serologías se hace eterno, por muy tranquilo que seas.
Una vez recibido el “apto” para donar, te toca el momento “atravesar la vena” con una “aguja” que parece una pajita de esas que vienen con los refrescos.Un tubito pequeño mínimamente biselado. ¿Es necesario tamaño diámetro? Pues parece que si, porque semejante tubo facilita que la sangre salga a toooooda pastilla, que no hay un minuto que perder. Es molesto, pero dura poco.

Para animar al personal, a los voluntarios se les premia con una bebida de cola y una lata de sardinas. Son muchos los que piensan que bebiendo Coca cola la sangre se repone porque es el mismo color, así que aprovechemos el efecto placebo ?.

Mi grupo sanguíneo es el más deseado aquí (y en todo el mundo). Intento no donar hasta el final del viaje (que después siempre me pongo malucha y no sé bien por qué), pero si hay algún paciente que necesita desesperadamente una bolsa de mi grupo, adelanto mi donación.
Este año, mientras donábamos, Marimar intentaba animar a los candidatos a donantes “por necesidad” a que regalaran una bolsa de su sangre “a fondo perdido”, para otros pacientes. La filosofía del banco de sangre, vaya.
Obtuvimos una negativa clara y argumentada: todos tienen anemia y no tienen qué comer. Fin de la discusión.
Todo es difícil aquí. Todo.

Esperemos que de los liceos salgan muchos voluntarios, porque la época de lluvias está cerca y empieza el crecimiento exponencial de anemias graves.

Uno de los objetivos de este año es mejorar el laboratorio, no sólo ampliando los espacios, sino dotándolo de equipos que permitan ampliar los estudios que ya hacemos. Y, por qué no, ideando estrategias que incrementen el número de donantes voluntarios.

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Miércoles, 16 Febrero 2022 07:45

El tsunami

Bébédjia, 10 febrero de 2022
El tsunami

La muerte aquí se celebra más que la vida.
No se festejan los nacimientos.
No se celebran los cumpleaños.
Si alguien enferma, la familia intentará ahorrarse hasta el último franco aunque le cueste la vida al doliente.
Se llevarán a los enfermos a la aldea a morir, como pasó con Orphine, la niña con quemaduras graves que debería haberse quedado para seguir con las curas y para que Elisabeth le amputara la mano, necrosada e infectada. Morirá sola en la aldea, aislada porque cada vez olerá peor su mano putrefacta, ignorada porque la enfermedad en alguien que no ha completado su ciclo de vida “normal” es debida a un mal de ojo o a un pecado cometido por otro miembro de la familia, y debería purgarse.
Si la vida de alguien se ha detenido antes de casarse y de tener descendencia, no se celebrará funeral. Creen que volverá de nuevo a la tierra y se volverá a repetir su malograda vida una y otra vez. Por eso, si te marchas demasiado pronto, puede que te entierren con agujas o pinchos en las plantas de los pies, para que no vuelvas nunca.
Pero si el que fallece no es un niño o un adolescente, comenzará la locura: las jornadas de funeral. Vendrán a celebrarlo los familiares de todos los rincones de Chad. Teniendo en cuenta que se practica la poligamia y que uno puede tener más de 30 hermanos sembrados por aquí y por allá, imaginaos la convocatoria.
Hay madres que dejan a sus hijos en casa para acudir a un funeral remoto de un primo para comprobar, a su regreso, que alguno de los pequeños ha muerto de inanición. Esto ha pasado. Pero se acepta porque la madre iba a festejar un entierro y eso, mes amis, es lo que verdaderamente importa. Siempre.
La comida la proporcionará el familiar más directo (mujer, marido, madre, padre, hermano…) durante los días que duren las exequias (variable según el poderío).
Nos cuentan las hermanas de Bebotó que , últimamente, está muriendo mucha gente de todas edades y que hay familias azotadas con 3 o 4 bajas en un espacio corto de tiempo. Si ya les resulta difícil vivir de lo que cultivan, imaginaos cómo se enfrenta una familia a 4 decesos seguidos. Los dos sacos de milo con los que podría vivir una madre y sus hijos hasta que terminara la época de lluvias, se esfuma. Y no hay manera de intentar razonar con ellos. Lo primero es el muerto. Aunque el fallecido se lleve por delante, finalmente, a todos los miembros de una misma familia.

Por eso igual tiran la toalla tan pronto.. Porque si se endeudan con los tratamientos y finalmente el paciente muere, no podrán enfrentarse al funeral.

Abandonar al enfermo y acompañar al difunto. Así es y así seguirá siendo. Y hay que conocer el por qué de las cosas y aceptarlo para no enzarzarte en una discusión inútil cuando luchas para que no dejen morir a una niña sola, muerta de dolor y estigmatizada.

Que la muerte te lleve pronto, pequeña.

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