Blog_Dra.-Paula (106)
Blog de la Doctora Paula
Medica especializa en Medicina Física y Rehabilitación trabaja en el servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario de Fuenlabrada
Bébédjia. 18 de enero de 2022
Amaneces nervioso cuando lo que te espera es reencontrarte con tus compañeros después de dos años.
Como siempre, la bienvenida más que cálida es tórrida. Estoy bailando, encadenado abrazos. Una me suelta y me recoge el siguiente. Casi todos llevan mascarilla, aunque más bien para protegerse del polvo. No les preocupa el virus, pero casi todos nuestros colegas tienen la segunda dosis de vacuna puesta.
La población general no lleva mascarilla. El COVID es algo que ha sucedido en el primer mundo. Nuestra primera ola de COVID es su tsunami de malarias. Es cierto que si no se realizan tests diagnósticos, la enfermedad no existe. Ademas, la edad media de los chadianos es de 15 años, así que es poco probable que haya mucho COVID grave. Así y todo, se han movilizado muchisimos recursos económicos y materiales desde los organismos internacionales para luchar contra el virus. Es sorprendente que,
in embargo, no llegan los medicamentos para tratar la infección por VIH ni la tuberculosis (que, además, deberían ser gratuitas). Sin stock. Increíble. También resulta imposible encontrar tests rápidos de VIH o medicación para tratar la leishmaniasis.
¿Cómo es posible que estemos tan ciegos, que seamos tan bobos?
En fin. Respira hondo, Paula. Inspira…espira…
Aquí sigue la misma historia: malaria, tuberculosis, muerte, enfermedad crónica teóricamente tratable…
¡Pero bueno!¡Si estaba yo tan contenta contándoos la danza de abrazos y me he venido abajo!
Más cosas buenas: que no hayamos podido venir no significa que no hayamos trabajado a distancia. Gracias al envío de dinero para mejorar la atención sanitaria a cargo de nuestros proyectos, hemos podido ampliar la sala de cuidados intensivos de pediatria. Si, la sala donde se hacinaban los niños moribundos en época de lluvias, ahora es una estancia amplia y luminosa. Da menos disgusto entrar (porque gusto no da nunca). Además, para los enfermeros hemos construido un edificio nuevo que da al patio. Hay una espaciosa sala donde se hace el pase de guardia y dos vestuarios. Un lujazo.
Otro de nuestros logros del teletrabajo: el contrato de médicos. Menos mal que son cuatro ahora, porque la carga asistencial es enorme. El número de facultativos es muy irregular a lo largo del año. Se marchan para seguir formándose, o les integra el estado al hospital del país que más convenga. Pero vivamos el hoy y el ahora. ¡4 médicos! Fli pan te.
Termina el día. Poco a poco, desembalamos las cajas y deshacemos las maletas que trajimos llenas de medicación y material y los organizamos según categoría y lugar de destino. Este es nuestro momento “Reyes Magos”. Sabes lo mucho que se van a alegrar porque traemos exactamente lo que habían pedido en la carta. Como aquí van como locos, al equipo de Sor Elisabeth también se le olvidó pedir alguna cosilla a sus Majestades. Pero como pretenden volver por aquí antes del verano, seguro que subsanan el descuido.
La nuit tombe. La mesa, sillones y suelo del salón de nuestro refrectoire están llenos de esperanza bien clasificada.
Crisálida. Buenas noches
17 de enero de 2022
N’Djamena- Bébédjia
El (temido) viaje
¿Caben 5 personas, 4 mochilas, 1 cartera de ordenador, 7 maletas, 4 cajas de 23 kilos, 4 macromacutos y un par de halógenos en una Toyota?
Si, caben.
Y casi todo (nosotros no, se entiende) cubierto bajo una lona azul.
¿Que cuántas cuerdas se necesitan para mantener todo en su sitio, bajo la lona azul? MÍNIMO 3.
¿Y eso es suficiente? EN ABSOLUTO.
Paradita de rigor cada vez que sobrevolamos o nos metemos en uno de los numerosos cráteres de la carretera, cada vez que pasamos por un badén modelo colina (los peajes que aseguran el mantenimiento de la carretera - JE) para comprobar de que todo sigue ahí, en su “casi” sitio.
Vamos apretadillos (como siempre) y las del asiento de atrás realizamos cambios posturales cada 3 horas (nos turnamos el sitio de en medio).
Es cierto que es bonito ir por tierra, perdiéndote en el paisaje. Este año está todo más seco (dejamos lejos la época de lluvia), los ríos con poco caudal, la tierra menos compacta, suspendida en el aire. Hay más dromedarios - aunque dejan de verse una vez nos alejamos de la capital-y mucho nómada con el ganado. Los preciosos niños Chadianos corriendo por el borde de la carretera o jugando cerca de sus chozas con un neumático, con sus ropas sucias y desgarradas. Hay unos árboles que nunca había visto, pelados pero con unas flores de un naranja vivo en los extremos de las ramas. También plantaciones de mijo y, según nos acercamos al sur, los majestuosos árboles de mango, con sus frutos todavía demasiado pequeños y verdes.
Suena música africana a un volumen considerable. Según Ambrosie, son cantantes de Costa de Marfil, Nigeria y Senegal. Algunas recuerdan a Georgie Dann, pero molan más porque consiguen que aterrices en el continente de verdad.
No se pueden hacer fotos por los constantes rebotes en la cabina y la velocidad a la que nos lleva el chófer.M (sin cambios con respecto a viajes previos, salvo por la velocidad de crucero que alcanzamos en esta ocasión; Jean Paul siempre tiene menos prisa). Pero es cierto que la carretera está mejor. Por lo visto arreglaron un buen tramo antes de las ultimas elecciones. Poco después, el presidente electo (en esta ocasión y los últimos 30 años) moría en combate en el norte del país.
Solo 9 horas tardamos en recorrer los 547 kilómetros que nos separan de Saint Joseph.
Es de noche cuando llegamos, pero nos da tiempo (aunque le echamos casi dos horas en el tedioso proceso) a comprar las tarjetas de teléfono chadianas y mandar las primeras señales de vida.
Cenamos a oscuras la tortilla de patata de Jeannette (que cada vez le sale mejor) antes de meternos en nuestras guaridas tejidas, agotados, doloridos y felices.
Tengo tantas cosas en la cabeza -un melange en toda regla- que no sé muy bien por dónde empezar ni cómo hacerlo. Así que empezaré por el principio de este Bébédjia 2022.
16 enero 2021
Madrid- Ndjamena
Queda media hora para aterrizar.
Media hora para pasar los primeros controles de policía con el macuto que parece que pesa 20 kilos más que hace unas horas, para entregar los pasaportes y, por fin, volver a pisar tierra Chadiana dos años después de nuestra última misión.
La semana que ha precedido a este viaje ha sido diferente a otros años.
La pandemia nos añadió otra mochila (la del miedo al contagio y los enemil tests navideños) y me despojó de mi papel de “hija de Marino”, porque, aunque cuerpo presente, el COVID se llevó la independencia y cordura de mi padre.
El jueves le dije que me iba. Y él habló de jefes del banco, de líneas rojas y de darle la vuelta a las bellotas. Palabras en modo “jeroglífico” que intenté interpretar para dar sentido a lo que me quería decir.En cualquier caso, creo que lo entendió, porque, a pesar de la amimia, me miraba triste.
Ayer fuimos toda la tropa a verlos para despedirme. Me senté en el suelo mientras él estaba en su sillón y apoyé mi cabeza sobre sus delgadas piernas. Entonces, se convirtió en mi padre otra vez, y me acarició el pelo una, otra, otra vez. ¡Que no se acabe nunca este momento!
La palma de su mano me decía “tranquila, te quiero, escríbenos desde allí…aunque no me gusta que te vayas”.
Pero la realidad es que no he estado tranquila hasta comprobar que toooooodo el equipaje estaba facturado.
Bueno. No. Más bien hasta comprobar que tooooodo el equipaje había llegado a destino.
La felicidad empezó cuando compartimos la primera Castel fría sentados sobre las maletas en Kabalay
Del resto de los estreses hablaremos otro día.
Tobanúa! Nous sommes arrivés!



